miércoles, 2 de octubre de 2024

ACTOS EN DIVINA VOLUNTAD

 

 

Actos internos

Si la criatura debiera darnos únicamente lo que es espiritual, poco podría darnos.

36-9

Mayo 17, 1938

 

El alma es la voz, el canto y las manos para tocar; el cuerpo es el órgano. El Querer Divino quiere los más pequeños actos para hacer surgir su Sol.

Siembra que hace el sol a la tierra, siembra que hace la Santísima Voluntad.  Esponsalicio que Dios prepara con

sus verdades.

 

(1) Continuando mi vuelo en el Querer Divino, siento que me inviste por dentro y por fuera, y quiere tomar su puesto real en mis más pequeños actos, aun en los naturales, y tal vez sobre mis mismas naderías, y si esto no hiciera, no puede decir que la plenitud de su Voluntad reina en la criatura. Después, mi amado Jesús repitiendo su breve visita, todo bondad me ha dicho:

 

(2) “Hija mía, todo salió de Nosotros y fue modelado por nuestras manos creadoras, el alma y el cuerpo, por eso todo debe ser nuestro, lo uno y lo otro; es más, hicimos del cuerpo un órgano, y cada acto que debía hacer, hecho para cumplir la Divina Voluntad, debía formar una tecla, la cual debía encerrar muchas notas y conciertos de música, distintos entre ellos, y el alma debía ser la que con la unión del cuerpo debía formar la voz, el canto, y tocando estas teclas debía formar las músicas más bellas.  Ahora, un órgano sin quien lo toque parece un cuerpo muerto, no divierte ni atrae a ninguno; y quien entiende de música, si no tiene el instrumento para tocar, no puede ejercitar su arte de músico, así que se necesita quien hable, quien se mueva, quien tenga vida para formar las bellas músicas, pero se necesita también el instrumento que contiene las teclas, las notas y todo lo demás; son necesarios el uno y el otro.  Así es el alma y el cuerpo, hay tal armonía, orden, unión entre ellos, que el uno no puede hacer nada sin el otro; por eso estoy atento, te vigilo tus pasos, tus palabras, el mover de tus pupilas, tus más pequeños actos, a fin de que mi Voluntad tenga su Vida, su puesto en ellos. Nosotros no reparamos si el acto es natural o espiritual, si es grande o pequeño, sino que estamos atentos para ver si todo es nuestro, si nuestro Querer ha hecho surgir su sol de luz, de santidad, de belleza, de amor, y nos servimos aun de los pequeños actos de esta criatura para formar nuestros portentos más prodigiosos, los cuales forman las escenas más bellas para tenernos divertidos.  ¿No fue sobre la nada que formamos las maravillas, el encanto de toda la Creación?  Y en la creación del hombre, ¿no fue sobre la nada que formamos tantas armonías, hasta nuestra misma imagen que nos semeja?  Hija mía, si la criatura debiera darnos únicamente lo que es espiritual, poco podría darnos, en cambio, con darnos aun sus pequeños actos naturales, puede darnos siempre, y estamos en continuas relaciones, la unión entre ella y Nosotros no se rompe jamás.  Mucho más, que las cosas pequeñas están siempre entre las manos, al alcance de los pequeños y de los grandes, de los ignorantes y de los sabios; el respirar, el moverse, el atenderse a sí mismo en las cosas personales, es de todos y no cesan jamás, y si esto es hecho para amarme, para formar la Vida de la Divina Voluntad en ellos, es nuestro triunfo, nuestra victoria y la finalidad para la cual los hemos creado.  Ve entonces cómo es fácil el vivir en nuestro Querer, la criatura no debe hacer cosas nuevas, sino lo que hace, esto es, desarrollar su vida como se la hemos dado en nuestra Voluntad”.

 

(3) Después de esto mi dulce Jesús continuó diciéndome:

 

(4) “Hija mía, así como el sol siembra cada día luz, calor, dulzura, perfumes, colores, fecundidad, diversidad de gustos, y con esto embellece toda la tierra, y sólo con tocar con su luz y calor fecunda las plantas, madura y endulza los frutos, da la variedad de los colores y perfumes a las flores, tanto que forma el dulce encanto a las generaciones humanas, así quien vive en mi Voluntad, superando Ella en modo insuperable la siembra que hace el sol, siembra sobre de quien vive en Ella, luz, amor, variedad de bellezas, santidad, dando a cada una de estas semillas la fecundidad divina, y ¡oh! cómo es bello ver a esta criatura embellecida, fecundada por nuestra siembra divina, cómo queda hermosa, tanto, de formar el encanto a nuestras pupilas divinas.  Ahora hija mía, así como la tierra, las flores, las plantas, para recibir la siembra del sol deben someterse a recibir el contacto de su luz y de su calor, de otra manera el sol quedaría en lo alto sin poder hacer su siembra a la tierra, la cual quedaría estéril, sin fecundidad y sin belleza, porque para dar y recibir un bien se necesita la unión, el acuerdo de ambas partes, sin el cual el uno no puede dar y el otro no puede recibir, así el alma, para recibir la siembra de mi Voluntad debe vivir en Ella, debe estar siempre unida, con sumo acuerdo, debe dejarse modelar para recibir de Ella la nueva Vida que quiere dar, de otra manera mi Voluntad hace como el sol, no siembra y la criatura queda estéril, sin belleza, bajo las tinieblas de su voluntad humana.  He aquí por qué quiero al alma viviendo en mi Querer, no sólo para sembrar, sino para hacer que mi siembra no se pierda, haciéndome Yo mismo el cultivador para poder producir las más variadas bellezas”.

 

(5) Después ha agregado con un amor más tierno:

 

(6) “Hija mía buena, mi amor siempre quiere vincularse más con la criatura, y por cuantas más verdades manifiesta sobre mi Voluntad, tantos más vínculos de unión pongo entre Dios y ella, y conforme manifiesta las verdades, así prepara el esponsalicio entre Dios y el alma, y por cuanto más manifiesta, con tanta más ostentación y suntuosidad será hecho el esponsal. ¿Quieres saber algo más?  Mis verdades servirán como dote para poderse unir con Dios, lo estas verdades harán conocer quien es Aquél que se abaja, y que solamente es su amor lo que lo induce a vincularse con atadura de esponsalicio con la criatura.  Mis verdades tocan y retocan a la criatura, la modelan, le forman la nueva vida, le restituyen y embellecen nuestra imagen y semejanza como cuando fue creada por Nosotros, le imprimen su beso de unión inseparable.  Una verdad nuestra puede formar un mar de prodigios y de creaciones divinas en quien tiene el bien de escucharla, esta verdad puede cambiar un mundo entero de perverso, en bueno y santo, porque es una Vida nuestra que viene expuesta para bien de todos, y un nuevo sol que hacemos surgir en las inteligencias creadas, el cual por caminos de luz y de calor se hará conocer para transformar en luz y calor a quien tiene el bien de escucharla.  Por eso, ocultar una verdad que Nosotros con tanto amor hacemos salir fuera de nuestro seno paterno es el más grande delito, y priva a las generaciones humanas del bien más grande.  Además de esto, quien vive en nuestro Querer, esposándose con Nosotros, forma la fiesta a todos los santos, todos toman parte en las nupcias divinas, y en virtud de esta criatura tienen una fiesta toda propia en el Cielo y otra en la tierra.  Cada acto que hace la criatura que vive en nuestro Querer, es una fiesta y un banquete que ofrece a las regiones celestiales, y los santos le corresponden con nuevos dones e imploran a Dios que le manifieste otras verdades para ensanchar siempre más los confines de la dote que Dios le ha dado”.

 

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30-26

 

Abril 13, 1932

 

La naturaleza humana que se hace dominar por la DivinaVoluntad, es campo de su

 

acción, y tierra florida.  LaDivina Voluntad posee la inseparabilidad.

 

(1) Estoy siempre entre los brazos de la Divina Voluntad, como una niña estrechada entre los brazos de la mamá, la cual me tiene tan estrechada entre sus brazos de luz, que no me deja ver, sentir o tocar otra cosa que la Divina Voluntad.  Y yo pensaba entre mí:  “¡Oh! si yo estuviera libre de la cárcel de mi cuerpo, mis vuelos serían más rápidos en el Fiat, habría conocido más, de hecho sería un solo acto con Ella, pero mi naturaleza me parece que me lleva a hacer interrupciones, como si me pusiera obstáculos y me hiciera sentir fatiga para correr siempre en la Divina Voluntad”. Pero mientras esto pensaba, mi divino Maestro Jesús, visitando mi pequeña alma me ha dicho:

 

(2) “Hija bendita, tú debes saber que para quien vive en mi Divina Voluntad, Ella tiene virtud de tener ordenada la naturaleza de la criatura, y en vez de ser obstáculo, le es de ayuda para poder hacer más actos de Voluntad Divina, más bien sirve como tierra a las flores, que se presta para formar las bellas floraciones, las que casi la esconden y la cubren con la variedad de sus bellezas, a las cuales el sol les comunica la variedad de los más bellos colores y las va abrillantando con su luz. Si no fuera por la tierra, a las flores les faltaría el lugar para formarse la vida para poder nacer y hacer su bella aparición, y el sol no encontraría a quién comunicar el desahogo de sus bellos colores y de sus puras dulzuras.  Así es la naturaleza humana para el alma que vive en mi Divina Voluntad, es como tierra fecunda y pura, que se presta para dar el campo de acción y hacerla formar no solo las bellas floraciones, sino para hacer aparecer tantos soles por cuantos actos va haciendo.  Hija mía, es un encanto de belleza ver la naturaleza humana que vive en mi Divina Voluntad, cubierta y escondida como bajo de un prado florido, todo investido de luz fulgidísima, el alma por sí sola no habría podido formar tantas variedades de belleza, mientras que unida encuentra las pequeñas cruces, las necesidades de la vida, las variedades de las circunstancias, ahora dolorosas, ahora alegres, que como semillas se sirve de ellas para sembrarlas en la tierra de la naturaleza humana para formar su campo florido.  El alma no tiene tierra y no podría producir ninguna floración; en cambio unida con el cuerpo, ¡oh! cuántas más bellas cosas puede hacer, mucho más que esta naturaleza humana fue formada por Mí, la plasmé parte por parte, dándole la más bella forma, puedo decir que hice de artífice divino y puse en ella tal maestría, que ninguno otro puede alcanzar. Así que la amé, veo todavía el toque de mis manos creadoras impreso sobre la naturaleza humana, por eso también ella es mía, me pertenece.  El todo está en el acuerdo completo:  Naturaleza, alma, voluntad humana, y Divina; cuando está esto, que la naturaleza se presta como tierra, la voluntad humana está en acto de recibir la Vida de la Voluntad Divina en su actos, se hace dominar en todo, no conoce otra cosa en todas sus cosas sino sólo mi Voluntad, como vida, actora, portadora, conservadora de todo, ¡oh! entonces todo es santo, todo es puro y bello, mi Fiat está sobre ella con su pincel de luz para perfeccionarla, divinizarla, espiritualizarla. Por eso tu naturaleza no puede ser obstáculo a los vuelos en mi Voluntad, más bien puede servirte de obstáculo tu querer, al cual debes tener siempre en la mira para no darle vida, que de tu tierra no hay que temer, aquella, si tiene recibe, y da lo que ha recibido, es más, da de más y cambia las semillas en flores, en plantas, en frutos, y si no tiene se está en su mudo silencio y queda como tierra estéril”.

 

(3) Después agradecía a Jesús por su bella lección y me sentía contenta de que mi naturaleza humana no podía dañarme, más bien me podía ayudar a hacer crecer la Vida de la Divina Voluntad en mi alma, y continuaba mis giros y vuelos en sus actos, y mi dulce Jesús ha agregado:

 

(4) “Hija mía, mi Divina Voluntad posee la inseparabilidad de todos sus actos y efectos, tanto si obra sola en Sí misma y fuera de Sí misma, tanto si obra en la criatura o la criatura obra en Ella, o bien para llevar a cabo lo que quiere mi Divina Voluntad. En este modo de obrar pone de lo suyo y lo retiene como acto y propiedad suyos, inseparables de Ella.  Ahora, si la criatura vive en mi Divina Voluntad, estos actos se vuelven propiedad común de la una y de la otra; si después se sale, pierde sus derechos, primero porque fueron hechos en nuestra casa, y después la sustancia, la vida del acto, la santidad, la belleza, las prerrogativas que se requieren para poder formar un acto nuestro, han sido puestos por nuestro Querer Divino, la criatura no ha hecho otra cosa que asistir y concurrir con su voluntad de obrar junto con la nuestra, pero de sustancia nada ha puesto de lo suyo. Por eso si persiste en vivir en nuestro Querer, señorea junto; si sale, con justicia nada le toca, pero si vuelve a entrar adquiere de nuevo el derecho de señorear.  Pero hay gran diferencia entre quien vive en mi Divina Voluntad y obra junto, y entre quien no viviendo en Ella sigue y cumple en las circunstancias lo que quiere mi Fiat, ésta toma en su acto mi Voluntad limitada, y en cuanto termina el acto así queda, no sigue más adelante, y si bien también estos actos son inseparables de Ella, pero se ve en estos actos que no tienen el obrar continuo; limitada tomaron mi Divina Voluntad, y limitada quedó; en cambio quien vive en Ella y obra, su acto adquiere el acto incesante de obrar continuamente, éstos estarán siempre obrantes en mi Fiat, no perderán jamás la actitud, cual es el obrar de mi Querer, que no cesa jamás, así se hacen los actos de la criatura. Por eso siempre en mi Fiat te quiero, si quieres tomarlo no limitado y como a gotas, sino como mares, de manera de quedar tan llena, que no tocarás ni verás otra cosa que mi Divina Voluntad”.

 

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Por cuanto somos hechura suya en la gracia como lo fuimos en la naturaleza, creados en Jesucristo para obras buenas, preparadas por Dios desde la eternidad para que nos ejercitemos en ellas y merezcamos la gloria.

 

Ef. 2:10

 

Palabras muy curiosas, pues nosotros entendemos que si las obras son preparadas desde la eternidad, y son para ejercitarnos en ellas, por lo tanto somos “predestinados”, ni más ni menos que por Dios mismo, y que nuestra santidad no depende de nosotros, sino de lo que Dios pensó.

 

“…Tú debes saber que al crear el cielo, el sol, las estrellas, etc., a todo le fijé sus límites, su lugar, su número, no pueden crecer ni decrecer, todas las cosas las tengo como en un puño. Así al crear al hombre, al mismo tiempo creé todas las inteligencias y cada uno de los pensamientos, todas las palabras, las obras, los pasos y todo lo demás del hombre, desde el primero hasta el último que deberá existir, y esto era connatural en Mí, mucho más que Yo mismo debía ser actor y espectador hasta de un pensamiento, y si el hombre no lo podía hacer sin Mí, ¿cómo no debía Yo saberlo y conocer hasta el número? Así que en mi Voluntad nada todo el obrar de las criaturas, como los peces nadan dentro de un vasto mar. Pero habiendo creado al hombre no esclavo sino libre, porque no era decoroso para Mí, ni obra digna salida de mis manos, si hiciera salir a este hombre atado, sin libertad, ni podría decir hagámoslo a nuestra imagen y semejanza si no lo hacía libre, quería dotarlo con la libertad. Yo era libre, libre también él, pues no hay cosa que más torture a una persona que dar un amor forzado, y causa desconfianza, sospechas, temores y casi asco en quien lo recibe. Ve dónde tiene origen cada acto de criatura, aun un pensamiento: ‘en la santidad de mi Voluntad’. Con esta diferencia, que si el hombre quiere, ese pensamiento, palabra, etc., puede hacerlo bien o mal, santo o perverso.

 

Ahora, mi Voluntad tuvo un dolor al ver en tantos cambiados sus actos, de los cuales era actora, en actos mortales para Mí y para ellos, por eso quise que mi Voluntad haciéndose doblemente actora de cada acto, extendiera sobre todos otro acto divino, que debía corresponderme según la santidad de mi Voluntad con otros tantos actos divinos, pero se necesitaba alguien para hacer esto, y he aquí a mi Humanidad santa, libre también Ella, que no queriendo otra vida que la sola Voluntad Divina, nadando en este mar inmenso iba duplicando cada pensamiento, palabra y obra de criatura, y extendía sobre todo un acto de Voluntad Divina, y esto daba satisfacción y glorificaba al Padre Divino, de modo que Él pudo mirar al hombre y abrirle las puertas del Cielo, y Yo anudaba con más fuerza a la voluntad humana, dejándola siempre libre de no separarse de la Voluntad de su Creador, causa por la que se había precipitado en tantas desgracias.

 

No estuve contento sólo con esto, sino que quise que mi Mamá, también santa, me siguiera en el mar inmenso del Querer Supremo y junto Conmigo duplicara todos los actos humanos, poniendo en ellos el doble sello, después del mío, de los actos hechos en mi Voluntad sobre todos los actos de las criaturas. Cómo me era dulce la compañía de mi inseparable Mamá en mi Voluntad; la compañía en el obrar hace surgir la felicidad, la complacencia, el amor de ternura, la competencia, el acuerdo, el heroísmo; en cambio el aislamiento produce lo contrario. Entonces, conforme obraba junto con mi amada Mamá, así surgían mares de felicidad, de complacencia de ambas partes, mares de amor que haciendo competencia, uno se arrojaba en el otro, y producían gran heroísmo. Y no para Nosotros solos surgían estos mares, sino también para quien nos habría hecho compañía en nuestra Voluntad; es más, podría decir que estos mares se convertían en tantas voces que llamaban al hombre a vivir en nuestro Querer, para restituirle la felicidad, su naturaleza primera, y todos los bienes que había perdido con sustraerse de nuestra Voluntad. (14-73 Noviembre 11, 1922)

 

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Ahora, tú debes saber que cuando sacamos la Creación de dentro del seno de nuestra Divinidad, porque ‘ab eterno’ estaba dentro de Nosotros, al sacarla fuera nuestro Fiat, dentro de un mar de amor poníamos fuera todo lo que la criatura debía hacer, así que todo salió de Nosotros, nos hacíamos proveedores de todo lo que ella debía hacer, por eso toda la Creación está llena de todas las obras que se deben hacer, hasta el último de los hombres, y si bien invisibles a los ojos humanos, pero visibles y palpitantes para Nosotros en nuestra Voluntad, lo que forma una creación más bella que la misma Creación, por lo cual es tanto nuestro amor, que mientras ocupa toda la atmósfera, al mismo tiempo la llevamos en nuestro seno divino, y conforme sacamos a la luz del día a las criaturas, así comenzamos a proveerlas con nuestras manos creadoras de las obras que deben hacer; al principio de cada acto que la criatura debe hacer ponemos como fundamento la Vida de nuestro Fiat, y por alimento del acto nuestro amor, porque Nosotros no hacemos nada, ni damos nada, si no tiene por principio nuestro Querer y por alimento y ajuar a nuestro amor; no serían obras dignas de nuestra Majestad Suprema el proveer obras que no den Vida nuestra y que no posean nuestro alimento, cual es el amor.

 

Toda la Creación era un parto, con todos los actos que debían hacer las generaciones humanas, que ‘ab eterno’ teníamos en nuestro Seno Divino, y que no pudiendo contenerlo más, porque nuestro amor sentía la necesidad de ponerlo fuera pues quería desahogarse, y como cuando hacemos un acto hacemos un acto completo, por eso poniendo fuera a la Creación sacábamos junto todo lo que debía hacer la criatura.

 

Nuestro Fiat Divino encerrando todo en Sí mismo, Creación y actos humanos, se ponía a la expectativa de sacar a la criatura a la luz del día para suministrarle los actos que a ella le pertenecían.  ¿No es esto un amor exuberante que solamente un Dios podía tener:  Ordenar, formar los actos y después sacar a la luz a aquélla a la que debían servir estos actos como formación de santidad, de amor, de gloria, para sí y de Aquél que la había creado?  Pero esto no es todo, nuestro amor no se detiene jamás, conforme sacó este parto nuestro, poníamos fuera de Nosotros una dosis de nuestra potencia para sostener a la criatura y a sus actos, armándola y cortejándola de potencia divina, así que tiene nuestra potencia que la sostiene; poníamos fuera también una dosis de nuestra sabiduría, con la cual debía estar animada su inteligencia y todos sus actos, por eso si en la criatura se ven nuevas ciencias, nuevos inventos, descubrimientos que llegan a lo increíble, es por nuestra sabiduría que la inviste; también poníamos fuera una dosis de amor, de santidad, de bondad y de todos nuestros atributos para suministrarle el amor, la santidad, la bondad y así de todo lo demás.  La criatura no existía aún, y Nosotros ya estábamos ocupados en ella; mirábamos con complacencia en ella nuestra potencia, sabiduría, amor, santidad y bondad, nos poníamos a su disposición para hacerla lo más bella que podíamos, y poder decirle:  ‘Nos semejas en todo, más bella no te podíamos hacer’.  Este poner fuera nuestras cualidades divinas y todos sus actos que debía hacer, antes de que el hombre viniese a la luz del tiempo, fue para Nosotros un amor tan intenso que llega a lo increíble, e íbamos diciendo en nuestro delirio de amor:  ‘¡Oh hombre, cuánto te amo!  Te amo en mi potencia, te amo en mi sabiduría, en mi amor, en mi santidad, te amo en mi bondad, en los mismos actos que harás, te amo tanto que los pongo todos en espera de ti; mi Querer Divino al cual todo confiamos, nuestras dotes divinas y tus mismos actos que serán ya tuyos, está en acto de darlos como desahogo de su amor por ti’.

 

(3)Ahora, tú debes saber que nuestro Ser Supremo posee como en naturaleza suya un acto siempre nuevo, por lo cual estos actos establecidos para cada una de las criaturas serán nuevos y distintos uno del otro, distintos en la santidad, siempre nuevos en la belleza, uno más bello que el otro, nuevos en el amor, en la potencia, nuevos en la bondad, son actos formados y alimentados por Nosotros, por lo que poseen todas nuestras características, todos bellos, variados en la santidad, en el amor, en la belleza, pero el uno no es como el otro, serán ellos nuestro orden, el tipo de las variadas bellezas nuestras, la fecundidad de nuestro amor, la armonía de nuestra sabiduría, como se ve en la Creación, en que todas nuestras obras, todas, son bellas, pero el cielo no es sol, el viento no es mar, las flores no son frutos, pero por cuan distintas sean entre ellas, todas son bellas, es más, forman la armonía de las variadas bellezas, verdadera imagen de los actos y de las mismas criaturas.  Tú debes saber que estos actos en mi Voluntad Divina forman un ejército de nuevas bellezas, de nuevo amor y santidad, que Nosotros sólo con mirarlos nos sentimos raptados, y esperamos con ansia que vengan las criaturas que poseyendo nuestro Querer serán proveídas con ellas, y las poseerán.  Ve entonces cómo es cierto que debe venir su reino a la tierra, pues ya están los actos, y entonces saldrán de su prisión de dentro de mi Querer como noble ejército que se harán poseer por las criaturas.

 

Hija mía, de dentro de mi Fiat salió la Creación, y todos y todo en mi Querer me debe regresar como obra digna de nuestra potencia, entonces quedaremos plenamente glorificados cuando nos reconozcamos a Nosotros mismos en la criatura y en sus actos.  Todo podemos dar y ella todo puede recibir, siempre y cuando reine nuestro Querer Divino en ella, en cambio si Él no reina se forma un abismo de distancia entre ella y Nosotros, y nada podemos darle.  Pero no es todo aun hija mía, pues como es decisión firme el dar el reino de nuestro Querer a las criaturas, queremos que conozca los bienes que hay en Él, y hasta dónde pueden llegar sus actos hechos en nuestro Querer Divino, porque si no conocen sus bienes tendremos hijos ciegos, sordos, mudos, que no saben hablar de su Creador, y no conociéndolos, ni siquiera amarán y apreciarán los mismos bienes que poseen; en nuestro Querer todos tienen vista clara, oído fino y palabra animada por la fuerza creadora, por lo tanto tendrán un hablar que tendrá siempre qué decir, y todos quedarán estupefactos, y los mismos Cielos, complacidos, se abajarán a escucharlos. Los hijos de mi Voluntad serán la alegría de todos y los verdaderos narradores de su Creador, sólo entonces encontraremos quién sepa hablar de Nosotros, porque no hablarán ellos, sino nuestra misma Voluntad será la que hablará en ellos, la cual es la única que puede y sabe hablar de nuestro Ente Supremo, por eso continúa escuchándome. Cuando la criatura posea nuestro Querer, todos sus actos, pequeños y grandes, humanos y espirituales, serán animados por mi Voluntad, y así, animados por Ella se elevarán entre el Cielo y la tierra, investirán y entrelazarán juntos el cielo, el sol, las estrellas, la Creación toda; se elevarán más arriba e investirán todos los actos de la Reina del Cielo, fundiéndose con ellos, tendrán la potencia de investir los actos de nuestra Divinidad, nuestras alegrías y bienaventuranzas, las de todos los santos; y cuando todo hayan encerrado en sus actos, sin que nada quede fuera de ellos, victoriosos se presentarán ante nuestra Majestad Divina y nos los ofrecerán como actos completos a los que nada falta, y ¡oh, cuál será nuestra alegría, nuestra gloria, al encontrar en estos actos al cielo, al sol, todos los actos de la Reina del Cielo, el amor con el cual Ella nos amó, a todos nuestros actos, nuestras alegrías, nuestro amor que jamás cesa!  Estos actos hechos en nuestro Querer Divino nos duplican la gloria de la Creación; duplican la gloria, el amor que nos dio la Soberana Reina; duplican nuestra gloria y la de todos los santos; basta decir que ha entrado nuestra Voluntad de por medio para decir todo y que encierra todo.  Ella, donde entra sabe hacer furor de amor, de gloria y de concentración de todo, porque todo es suyo, y por eso tiene derecho sobre todo.  Ahora, las maravillas que forman en el alma estos actos hechos en nuestro Querer, son indecibles, nuestro Fiat Divino se sirve de ellos para formar por su medio mares de amor, pero no mares que murmuran, sino mares que hablan, y hablan con tal elocuencia de nuestro amor, que nos agrada tanto que queremos estar siempre escuchándolos, sus voces son heridas que nos manda, sus palabras son dardos, tienen qué decir sobre la historia de nuestro amor, y como nos agrada tanto estamos siempre atentos para escucharla, porque nada queremos perdernos de lo que concierne a nuestro amor.  Cómo es bello oír que la criatura tiene nuestro mar de amor hablante, que habla siempre de nuestro amor.  Así que mi Voluntad siendo poseedora de quien vive en Ella, en ella hace de todas las formas, forma las obras que hablan de nuestras obras, los pasos que hablan de nuestros caminos, en suma, como nuestra Voluntad es palabra, donde Ella reina da la palabra a todo lo que hace la criatura y forma de esos actos un prodigio divino.  Por eso no hay cosa más grande, más santa, más bella y que más nos glorifica, que el vivir en nuestra Voluntad, ni hay bien mayor que podamos dar a las criaturas que éste.  Por eso sé atenta y sígueme si no quieres detener mi hablar”. (35-10 Octubre 3, 1937)

 

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Así es mi costumbre en todas mis obras, las hago una vez para dar vida a todas las demás veces que se repetirán, uniéndolas al primer acto como si fuera un acto solo,

 

“Hija mía, si tú supieras con cuánto amor fue formada la creación del hombre. Al sólo recordarlo nuestro amor se inflama y forma nuevas inundaciones, y mientras se pone en actitud de fiesta al recordar nuestra obra, bella, perfecta, y donde se puso tal maestría de arte que ningún otro puede formar una similar, era tan bella que llegó a suscitar en nuestro amor el celo de que toda fuera para Nosotros. Además, el hombre había sido hecho por Nosotros, era nuestro, entonces el ser celoso era un derecho de nuestro amor; tan es verdad que nuestro amor llegó a tanto, que todos los primeros actos hechos en Adán fueron hechos por su Creador; así que el primer acto de amor fue creado y hecho por Nosotros en Adán, el primer latido, el primer pensamiento, la primera palabra, en suma, en todo lo que él pudo hacer después, estaban nuestros actos primeros hechos en él, y sobre nuestros primeros actos seguían los actos de Adán. Por eso, si amaba, surgía su amor de dentro de nuestro primer acto de amor; si pensaba, su pensamiento surgía de dentro de nuestro pensamiento; y así de todo lo demás. Si Nosotros no hubiésemos hecho los primeros actos en él, no habría podido ni hacer nada, ni saber hacer nada; en cambio, con el hacer el Ente Supremo los primeros actos, poníamos en Adán tantas fuentecitas por cuantos actos primeros hicimos en él, de modo que cada vez que quisiera repetir nuestros primeros actos, tuviese a su disposición estas fuentecitas, como tantas fuentes de amor, de pensamientos, de palabras, de obras y de pasos. Así que todo era nuestro, dentro y fuera del hombre, por eso nuestro celo no sólo era un derecho, sino también justicia que todo debía ser para Nosotros y todo nuestro. Mucho más que le dábamos nuestro Querer Divino a fin de que nos lo conservase bello, fresco y nos lo hiciera crecer con una belleza divina. Nuestro amor no estaba contento ni satisfecho con tanto que le había dado, quería continuar dando siempre, no quería decir basta, quería continuar su obra de amor, y para tenerlo Consigo, para tener qué hacer con el hombre, le daba nuestro mismo Querer, a fin de que lo volviese capaz de poder recibir siempre y de tenerlo siempre con Nosotros con una sola Voluntad, con Ella todo estaba garantizado y al seguro para él y para Nosotros. Así que debía ser nuestro entretenimiento, nuestra alegría y felicidad, objeto de nuestra conversación. Por eso al recuerdo de la creación del hombre, nuestro amor se pone en actitud de fiesta, pero al verlo sin el depósito de garantía de nuestro Fiat, sin seguridad y por lo tanto vacilante, desfigurado y como lejano de Nosotros, se pone en actitud de tristeza y siente todo el peso de nuestro amor infinito como encerrado en Sí mismo, porque no puede darse a él, pues no lo encuentra en nuestra Divina Voluntad. Pero esto no es todo, no fue sólo en Adán donde tanto se vertió nuestro amor, sino llegó a hacer todos los primeros actos de los cuales debían tener vida todos los actos humanos, cada criatura que debía venir a la luz del día estuvo presente en aquel acto de la creación del hombre, y nuestro Fiat unido a nuestro amor corría, corría, y abrazando a todos y amando con un solo amor a todos, ponía el primado de nuestros actos en cada una de las criaturas que habrían venido a la existencia, porque para Nosotros no hay pasado ni futuro, sino todo es presente y en acto, si esto no fuese, nuestro Fiat se encontraría restringido y obstaculizado, no podría engrandecer tanto sus llamas para encerrar a todos en su luz, de modo de hacer en todos lo que hace en una sola criatura. Por eso no fue sólo Adán el afortunado de la Creación, sino todas las otras criaturas venían enriquecidas de todos los bienes, y en él, poseedoras de sus mismos bienes. Mucho más que todo lo que Dios hace en una sola criatura, todas las otras criaturas adquieren el derecho de nuestros actos, a menos quien no quiera servirse de ellos. ¿No sucedió esto en la misma Redención? Como la Soberana del cielo tuvo el bien de concebirme y de darme a la luz, todas las otras criaturas adquirieron el derecho de los bienes de la Redención, y no sólo esto, sino de poderme recibir cada una en sus corazones, y sólo quien ingrata no me quiere, permanece privada de Mí. Ahora hija mía, Adán con desobedecer a nuestros quereres perdió nuestro reino, y todos los bienes de nuestro Fiat permanecieron para él sin la Vida alimentadora y vivificadora de nuestra Divina Voluntad. Se puede decir que fue como el destructor de los bienes del reino de mi Divina Voluntad en su alma, porque a todos los bienes, si les falta la virtud vivificadora y el alimento continuo, poco a poco pierden la vida.”. (28-9, Abril 18, 1930)

 

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Estoy entre los brazos del Fiat Divino, que me circunda con su luz y llama sobre mi pobre existencia su acto continuo de su Voluntad, pero un acto que me da vida, que me ama, sin el cual no podría vivir, ni encontrar quién verdaderamente me ame, por eso me quiere toda atenta a recibir este acto de vida de su Voluntad, a fin de que no la exponga a no cumplir sobre mí lo que quiere hacer, ni le impida su amor, porque Voluntad de Dios y amor hacen competencia, una no puede estar sin el otro. Ahora, mientras me encontraba bajo este acto del Fiat, mi amado Jesús con una bondad que no sé decir, todo ternura me ha estrechado a su corazón divino y me ha dicho:

 

“Hija mía bendita, mi Voluntad es todo para las criaturas, sin Ella no podrían tener ni siquiera la vida. Tú debes saber que cada criatura tiene, desde el principio de su existencia, un acto querido y decidido de mi Voluntad, el cual lleva consigo un acto intenso de amor hacia aquél o aquélla que comienza la vida. Mira entonces cómo comienza la creación de la criatura bajo el imperio de un acto de amor y de Voluntad Divina querido con toda la plenitud del conocimiento, tanto, que estos dos actos, amor y Voluntad mía, están dotados de todas las gracias, de potencia, sabiduría, santidad y belleza, de los que vivirá y cumplirá su vida la criatura. Ahora, como ha formado su primer acto querido, no se aparta más de ella, la crea, la forma, la crece, desarrolla su acto obrante para reafirmarla en su acto querido, así que mi Voluntad, mi amor, corren en cada acto humano, se hacen vida, sostén, defensa, refugio, y circundándola con su potencia alimentan esta vida, mi amor la abraza y la tiene estrechada a su seno, mi Voluntad la circunda por todos lados, más que habitación, para tener al seguro su acto querido que mi Fiat pronunció para llamarla a la existencia.

 

Ahora, este acto querido por nuestro Fiat es el acto más grande, más potente y que más glorifica a nuestro Ser Divino, que ni siquiera los Cielos pueden contener y comprender; te parece poco que nuestra Voluntad corra en cada acto de criatura, y le diga no con palabras, sino con hechos: ‘Soy tuya, estoy a tu disposición, ¡ah! reconóceme, soy vida tuya, acto tuyo, si me reconoces me darás tu pequeña correspondencia de amor, y aunque sea pequeño, lo quiero, lo reclamo para tranquilizarme de mi trabajo continuo y de la vida que pongo por ti’. Y mi amor para no quedarse atrás de mi Fiat, siente la irresistible necesidad de correr a amar cada acto de criatura, que le dice en cada acto suyo, te amo y ámame.

 

Además de esto, el todo está en si es reconocido este acto querido de mi Fiat, entonces hace prodigios inauditos de santidad y de belleza, que formarán los más bellos adornos de la patria celestial y las vidas más brillantes que se asemejan a su Creador, porque nuestra Voluntad no sabe hacer seres que no nos semejen, la primera cosa que pone es nuestra semejanza, porque quiere encontrarse a Sí misma en el acto obrante que desarrolla en la criatura, de otra manera diría: ‘No me asemeja, por lo tanto no me pertenece’. Si además no es reconocida y no amada, entonces forma el dolor de mi Querer, si bien corre en cada acto de criatura, si no corriera debería quitarle la vida, por eso en su dolor siente rechazar su Vida Divina, estorbada la santidad que quiere desarrollar, encerrados en su acto querido los mares de gracias que deberían inundarla, la belleza que debería cubrirla. Por eso mi Voluntad puede decir: ‘No hay dolor similar a mi dolor’. Mucho más que no había bien que no quisiera darle, no hay acto suyo en que no haya puesto del mío. Por eso hija mía sé atenta, piensa que cada acto tuyo pende de una Voluntad Divina que lo envuelve, lo forma y le da la vida, y porque te ama quiere que conozcas la vida que te da, y esto como confirmación de sus actos en ti, por eso conténtate con morir antes que impedir este acto querido de mi Voluntad desde el principio de tu existencia. Cómo es bello poder decir: ‘Soy Voluntad de Dios, porque Ella ha hecho todo en mí, me ha creado, me ha formado y me llevará en sus brazos de luz a las celestiales regiones como victoria y triunfo del Fiat Omnipotente y de su amor”.

 

Después de esto mi mente continuaba nadando en el mar del Fiat, y ¡oh! cómo era bello verlo que estaba muy atento, que en cuanto yo respiraba, latía, amaba, investía mi respiro para formar su respiro divino, el latido divino, y sobre mi pequeño amor formaba su mar de amor y se complacía tanto, que con ansia esperaba mis pequeños actos humanos para formar su trabajo divino, y mi amado Jesús festejaba el triunfo, el trabajo del Fiat en mi pequeña alma, y todo bondad me ha dicho:

 

“Hija de mi Querer, cómo gozo al ver que mi Divina Voluntad pone de lo suyo en el acto de la criatura, y como el acto de ella es pequeño, se deleita de perderlo en su acto grande, que no tiene confines, y como triunfante dice: ‘He vencido, la victoria es mía’, y Yo en cada acto de mi Voluntad en ella hago mi fiesta. Ahora, tú debes saber que es tanta la complacencia de nuestro Ser Supremo al ver perdido el pequeño acto humano, perdido, fundido, como si hubiera perdido la vida para dar vida a la nuestra, que elevamos este acto, que llamamos acto nuestro, en la altura de nuestro acto eterno. Toda la eternidad se pone en torno y circunda este acto y todo lo que ha sido hecho y se hará en el giro de Ella, se funden con este acto, de modo que toda la eternidad pertenece a este acto, este acto queda en el seno del Eterno y forma una fiesta de más a nuestro Ser Supremo, por tanto una fiesta de más a todo el Cielo, y una ayuda, fuerza y defensa a toda la tierra. El hacer la criatura nuestra Voluntad, hacerla vivir en ella, es la única satisfacción que tenemos, es la verdadera correspondencia que recibimos por haber creado la Creación, es la competencia de amor entre el Creador y la criatura, es el movernos para dar nuevas sorpresas de gracias, y ella a recibirlas. Por eso si la criatura corre en nuestro Fiat para darle libre campo de acción, en nuestro énfasis de amor decimos: ‘La criatura nos paga por todo lo que hemos hecho, del resto ¿no hicimos todas las cosas y a la misma criatura para que hiciera en todo nuestro Querer? Esto lo hace, y esto nos basta, aunque no hiciera nada más. Si esto nos basta a Nosotros, mucho más debería bastar a ellas el hacer, el vivir siempre en nuestra Voluntad, con esto ella es nuestra y Nosotros somos todo suyo, y te parece poco poder decir: ‘Dios es mío, todo es mío, no me puede escapar porque su Fiat Omnipotente lo tiene atado en mí”. (34-20, Enero 4, 1937)

 

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«Si la criatura debiera darnos únicamente lo que es espiritual, poco podría darnos»

 

Casi siempre cando pensamos en hacer algo por o para Dios, nos asalta la idea de acciones externas, y pensamos que entre más grandes sean éstas, más gloria y alabanza recibirá de nosotros.

 

Si esto fuera así, la mayor parte de la familia humana no podría darle nada a nuestro Dios, pues obras grandes no dependen nada más de la voluntad de la criatura, sino de factores externos que no están al alcance de todos, por lo que son obras, como dice Jesús, circunstanciales, a tiempo y espacio (lugar). Jesús nos dice que la santidad en su Voluntad es lo que más lo satisface, entonces veamos que nos propone hacer:

 

“Hija mía, todo salió de Nosotros y fue modelado por nuestras manos creadoras, el alma y el cuerpo, por eso todo debe ser nuestro, lo uno y lo otro; es más, hicimos del cuerpo un órgano, y cada acto que debía hacer, hecho para cumplir la Divina Voluntad, debía formar una tecla, la cual debía encerrar muchas notas y conciertos de música, distintos entre ellos, y el alma debía ser la que con la unión del cuerpo debía formar la voz, el canto, y tocando estas teclas debía formar las músicas más bellas.

 

Ahora, un órgano sin quien lo toque parece un cuerpo muerto, no divierte ni atrae a ninguno; y quien entiende de música, si no tiene el instrumento para tocar, no puede ejercitar su arte de músico, así que se necesita quien hable, quien se mueva, quien tenga vida para formar las bellas músicas, pero se necesita también el instrumento que contiene las teclas, las notas y todo lo demás; son necesarios el uno y el otro.  Así es el alma y el cuerpo, hay tal armonía, orden, unión entre ellos, que el uno no puede hacer nada sin el otro; por eso estoy atento, te vigilo tus pasos, tus palabras, el mover de tus pupilas, tus más pequeños actos, a fin de que mi Voluntad tenga su Vida, su puesto en ellos. (36-9, Mayo 17, 1938)

 

EXPLICACIÓN:

 

“Hija mía, cuando el alma vive en mi Divina Voluntad, deja sus despojos, se vacía de todo, de modo que queda la pura nada, y mi Querer la inviste, la llena del Todo, la domina y forma en ella los prodigios de santidad, de gracia, de belleza, dignos de su potencia creadora. Pero lo que es más, en este vacío de la nada genera su amor, y ahí forma su Vida Divina, y se vuelve dominadora de la nada y de su misma Vida Divina formada en ella, y ¡oh! su amor por esta nada llega a tanto, que la vuelve al mismo tiempo dominadora junto con el Fiat Supremo, y como su dominio le viene del Todo que posee, siente su misma virtud dominadora, y domina a la misma Divina Voluntad, así que ambas son dominantes, pero con sumo acuerdo, poseyendo un solo amor y una sola Voluntad. El querer humano siente su vida en la mía, y no hace nada si no siente mi acto obrante que quiere obrar, para hacerlo junto, y la mía siente mi Vida en la suya, y con su dominio se impone sobre la nada para hacerla obrar en el Todo. Así que en cuanto la criatura se decide con una firme voluntad a vivir en la mía, mi Querer da principio a formar su Vida en ella, no hay voluntad que no posea su vida, por medio de la cual desarrolla su bondad, su potencia, su santidad, la plenitud de su amor; la vida es la manifestación de la voluntad que posee, es el vestido que la cubre, es el sonido de su voz, es la narradora de sus maravillas, de su infinitud, de su potencia, por eso mi Divina Voluntad no se contenta con hacer vivir a la criatura en Ella, la nada en el Todo, no, no, sólo se contenta cuando encierra el Todo en el nada y ahí forma su Vida obrante y dominadora, y hace de la nada lo que quiere. He aquí el por qué cuando te hablo de mi Voluntad, es tu Jesús que te habla, porque Yo soy su Vida, su voz, su representante, el narrador de mi Fiat que esconde en Mí. Por esto el prodigio más grande es formar mi Vida Divina en la nada de la criatura, y que sólo mi Querer tiene esta virtud, porque poseyendo la fuerza creadora, se puede crear a Sí misma, su Vida en quien la quiere recibir. Ahora, poseyendo mi Vida, el alma toma parte en mi santidad, en mi amor, y ¡oh! cómo es bello oír que la nada dice junto con el Todo, amor, gloria y con la fuerza dominadora que siente, se difunde en los actos divinos y domina junto con mi Voluntad. Para Nosotros no hay contento mayor que sentir la nada obrante y dominante en nuestro Ser Divino, por eso sé atenta de vivir siempre en mi Voluntad”. (33-36, Abril 12, 1935)

 

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Nosotros no reparamos si el acto es natural o espiritual, si es grande o pequeño, sino que estamos atentos para ver si todo es nuestro, si nuestro Querer ha hecho surgir su sol de luz, de santidad, de belleza, de amor, y nos servimos aun de los pequeños actos de esta criatura para formar nuestros portentos más prodigiosos, los cuales forman las escenas más bellas para tenernos divertidos.  ¿No fue sobre la nada que formamos las maravillas, el encanto de toda la Creación?  Y en la creación del hombre, ¿no fue sobre la nada que formamos tantas armonías, hasta nuestra misma imagen que nos semeja?  Hija mía, si la criatura debiera darnos únicamente lo que es espiritual, poco podría darnos, en cambio, con darnos aun sus pequeños actos naturales, puede darnos siempre, y estamos en continuas relaciones, la unión entre ella y Nosotros no se rompe jamás.  Mucho más, que las cosas pequeñas están siempre entre las manos, al alcance de los pequeños y de los grandes, de los ignorantes y de los sabios; el respirar, el moverse, el atenderse a sí mismo en las cosas personales, es de todos y no cesan jamás, y si esto es hecho para amarme, para formar la Vida de la Divina Voluntad en ellos, es nuestro triunfo, nuestra victoria y la finalidad para la cual los hemos creado.  Ve entonces cómo es fácil el vivir en nuestro Querer, la criatura no debe hacer cosas nuevas, sino lo que hace, esto es, desarrollar su vida como se la hemos dado en nuestra Voluntad”.

 

(3) Después de esto mi dulce Jesús continuó diciéndome:

 

(4) “Hija mía, así como el sol siembra cada día luz, calor, dulzura, perfumes, colores, fecundidad, diversidad de gustos, y con esto embellece toda la tierra, y sólo con tocar con su luz y calor fecunda las plantas, madura y endulza los frutos, da la variedad de los colores y perfumes a las flores, tanto que forma el dulce encanto a las generaciones humanas, así quien vive en mi Voluntad, superando Ella en modo insuperable la siembra que hace el sol, siembra sobre de quien vive en Ella, luz, amor, variedad de bellezas, santidad, dando a cada una de estas semillas la fecundidad divina, y ¡oh! cómo es bello ver a esta criatura embellecida, fecundada por nuestra siembra divina, cómo queda hermosa, tanto, de formar el encanto a nuestras pupilas divinas.  Ahora hija mía, así como la tierra, las flores, las plantas, para recibir la siembra del sol deben someterse a recibir el contacto de su luz y de su calor, de otra manera el sol quedaría en lo alto sin poder hacer su siembra a la tierra, la cual quedaría estéril, sin fecundidad y sin belleza, porque para dar y recibir un bien se necesita la unión, el acuerdo de ambas partes, sin el cual el uno no puede dar y el otro no puede recibir, así el alma, para recibir la siembra de mi Voluntad debe vivir en Ella, debe estar siempre unida, con sumo acuerdo, debe dejarse modelar para recibir de Ella la nueva Vida que quiere dar, de otra manera mi Voluntad hace como el sol, no siembra y la criatura queda estéril, sin belleza, bajo las tinieblas de su voluntad humana.

 

Una verdad nuestra puede formar un mar de prodigios y de creaciones divinas en quien tiene el bien de escucharla, esta verdad puede cambiar un mundo entero de perverso, en bueno y santo, porque es una Vida nuestra que viene expuesta para bien de todos, y un nuevo sol que hacemos surgir en las inteligencias creadas, el cual por caminos de luz y de calor se hará conocer para transformar en luz y calor a quien tiene el bien de escucharla

“…Después de esto seguía en mi interior a la Santísima y adorable Voluntad Divina y mi dulce Jesús ha agregado:

 

“Hija mía, los actos internos de un alma que hace la Voluntad de Dios están exentos de cualquier mal y sombra de defecto. Sólo Dios es testigo de un acto interno y mientras ninguno lo señala, ninguno lo mira, ninguno habla de él, Dios, como testigo del obrar de la criatura, donde a ninguno le es dado penetrar, en el interior de la criatura lo señala, lo mira, y de él le habla a todo el Cielo y muchas veces también a la tierra de los grandes portentos del obrar interno de esta criatura.  Ser señalado, observado y hacer hablar a Dios de una criatura, es el acto, el honor más grande que ella puede recibir y no puede ser excluido de las obras grandes que Dios cumplirá por medio de ella.  Los actos internos son heridas, dardos, flechas al seno divino, son mensajeros celestiales que salen de la criatura y vuelan a su Creador y llevan la marca de la gloria, del amor y de agradar sólo a Aquél que la ha creado. En efecto, ¿quién ve, quién escucha, quién aprecia todo lo que haces en tu interior?  Ninguno, sólo Yo soy testigo, los escucho y los aprecio.  He aquí por qué en nuestras obras más grandes escogemos almas que aparentemente nada tienen de grande y de maravilloso, almas internas que no están corrompidas ni con miras humanas, ni de rumores, estrépitos, ni gloria ni estima propia que llevan las obras externas.  De hecho, en la Redención escogimos una Virgen simple, sin esplendores externos, pero tenía su interior hablante, que tanto supo decir a solas a su Creador que lo venció y obtuvo la Redención.  Ahora, así hemos hecho para el reino del Fiat Divino, hemos escogido otra alma toda interna, que tanto dirá, que rogará a Dios para que conceda el reino deseado.  Los actos externos aunque buenos y santos no pueden agradarme como los actos internos, porque los externos están casi siempre impregnados del aire de la propia gloria, de la estima humana y a veces de crítica, y un pobre corazón siente en sí los efectos del elogio, o bien de la crítica después que ha hecho sacrificios, y lo humano sale en campo e inviste con su aire tenebroso sus actos, y por eso no llegan puros como deberían ser.  En cambio un acto interno no es ni criticado, ni alabado y lo humano no tiene donde entrar, el alma misma no sintiéndose observada por ninguno, le parece que no hace nada grande y por eso sus actos están impregnados todos de aire celestial.  Por eso sé atenta y haz que tu interior gire siempre en mi Voluntad”.  (22-14, Julio 30,1927)

 

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“Hija mía, todo salió de Nosotros y fue modelado por nuestras manos creadoras, el alma y el cuerpo, por eso todo debe ser nuestro, lo uno y lo otro; es más, hicimos del cuerpo un órgano, y cada acto que debía hacer, hecho para cumplir la Divina Voluntad, debía formar una tecla, la cual debía encerrar muchas notas y conciertos de música, distintos entre ellos, y el alma debía ser la que con la unión del cuerpo debía formar la voz, el canto, y tocando estas teclas debía formar las músicas más bellas.  Ahora, un órgano sin quien lo toque parece un cuerpo muerto, …

 

Nota.. Al igual que toda voluntad requiere de una vida (cuerpo) para desarrollar sus acciones, todo cuerpo requiere de una voluntad que lo mueva.

 

…no divierte ni atrae a ninguno; y quien entiende de música, si no tiene el instrumento para tocar, no puede ejercitar su arte de músico, así que se necesita quien hable, quien se mueva, quien tenga vida para formar las bellas músicas, pero se necesita también el instrumento que contiene las teclas, las notas y todo lo demás; son necesarios el uno y el otro.  Así es el alma y el cuerpo, hay tal armonía, orden, unión entre ellos, que el uno no puede hacer nada sin el otro; por eso estoy atento, te vigilo tus pasos, tus palabras, el mover de tus pupilas, tus más pequeños actos, a fin de que mi Voluntad tenga su Vida, su puesto en ellos. Nosotros no reparamos si el acto es natural o espiritual, si es grande o pequeño, sino que estamos atentos para ver si todo es nuestro, si nuestro Querer ha hecho surgir su sol de luz, de santidad, de belleza, de amor, y nos servimos aun de los pequeños actos de esta criatura para formar nuestros portentos más prodigiosos, los cuales forman las escenas más bellas para tenernos divertidos.  ¿No fue sobre la nada que formamos las maravillas, el encanto de toda la Creación?  Y en la creación del hombre, ¿no fue sobre la nada que formamos tantas armonías, hasta nuestra misma imagen que nos semeja?  Hija mía, si la criatura debiera darnos únicamente lo que es espiritual, poco podría darnos, en cambio, con darnos aun sus pequeños actos naturales, puede darnos siempre, y estamos en continuas relaciones, la unión entre ella y Nosotros no se rompe jamás.  Mucho más, que las cosas pequeñas están siempre entre las manos, al alcance de los pequeños y de los grandes, de los ignorantes y de los sabios; el respirar, el moverse, el atenderse a sí mismo en las cosas personales, es de todos y no cesan jamás, y si esto es hecho para amarme, para formar la Vida de la Divina Voluntad en ellos, es nuestro triunfo, nuestra victoria y la finalidad para la cual los hemos creado.  Ve entonces cómo es fácil el vivir en nuestro Querer, la criatura no debe hacer cosas nuevas, sino lo que hace, esto es, desarrollar su vida como se la hemos dado en nuestra Voluntad”.

 

(3) Después de esto mi dulce Jesús continuó diciéndome:

 

(4) “Hija mía, así como el sol siembra cada día luz, calor, dulzura, perfumes, colores, fecundidad, diversidad de gustos, y con esto embellece toda la tierra, y sólo con tocar con su luz y calor fecunda las plantas, madura y endulza los frutos, da la variedad de los colores y perfumes a las flores, tanto que forma el dulce encanto a las generaciones humanas, así quien vive en mi Voluntad, superando Ella en modo insuperable la siembra que hace el sol, siembra sobre de quien vive en Ella, luz, amor, variedad de bellezas, santidad, dando a cada una de estas semillas la fecundidad divina, y ¡oh! cómo es bello ver a esta criatura embellecida, fecundada por nuestra siembra divina, cómo queda hermosa, tanto, de formar el encanto a nuestras pupilas divinas.  Ahora hija mía, así como la tierra, las flores, las plantas, para recibir la siembra del sol deben someterse a recibir el contacto de su luz y de su calor, de otra manera el sol quedaría en lo alto sin poder hacer su siembra a la tierra, la cual quedaría estéril, sin fecundidad y sin belleza, porque para dar y recibir un bien se necesita la unión, el acuerdo de ambas partes, sin el cual el uno no puede dar y el otro no puede recibir, así el alma, para recibir la siembra de mi Voluntad debe vivir en Ella, debe estar siempre unida, con sumo acuerdo, debe dejarse modelar para recibir de Ella la nueva Vida que quiere dar, de otra manera mi Voluntad hace como el sol, no siembra y la criatura queda estéril, sin belleza, bajo las tinieblas de su voluntad humana.  He aquí por qué quiero al alma viviendo en mi Querer, no sólo para sembrar, sino para hacer que mi siembra no se pierda, haciéndome Yo mismo el cultivador para poder producir las más variadas bellezas”.

 

(5) Después ha agregado con un amor más tierno:

 

(6) “Hija mía buena, mi amor siempre quiere vincularse más con la criatura, y por cuantas más verdades manifiesta sobre mi Voluntad, tantos más vínculos de unión pongo entre Dios y ella, y conforme manifiesta las verdades, así prepara el esponsalicio entre Dios y el alma, y por cuanto más manifiesta, con tanta más ostentación y suntuosidad será hecho el esponsal. ¿Quieres saber algo más?  Mis verdades servirán como dote para poderse unir con Dios, lo estas verdades harán conocer quien es Aquél que se abaja, y que solamente es su amor lo que lo induce a vincularse con atadura de esponsalicio con la criatura.  Mis verdades tocan y retocan a la criatura, la modelan, le forman la nueva vida, le restituyen y embellecen nuestra imagen y semejanza como cuando fue creada por Nosotros, le imprimen su beso de unión inseparable.  Una verdad nuestra puede formar un mar de prodigios y de creaciones divinas en quien tiene el bien de escucharla, esta verdad puede cambiar un mundo entero de perverso, en bueno y santo, porque es una Vida nuestra que viene expuesta para bien de todos, y un nuevo sol que hacemos surgir en las inteligencias creadas, el cual por caminos de luz y de calor se hará conocer para transformar en luz y calor a quien tiene el bien de escucharla.  Por eso, ocultar una verdad que Nosotros con tanto amor hacemos salir fuera de nuestro seno paterno es el más grande delito, y priva a las generaciones humanas del bien más grande.  Además de esto, quien vive en nuestro Querer, esposándose con Nosotros, forma la fiesta a todos los santos, todos toman parte en las nupcias divinas, y en virtud de esta criatura tienen una fiesta toda propia en el Cielo y otra en la tierra.  Cada acto que hace la criatura que vive en nuestro Querer, es una fiesta y un banquete que ofrece a las regiones celestiales, y los santos le corresponden con nuevos dones e imploran a Dios que le manifieste otras verdades para ensanchar siempre más los confines de la dote que Dios le ha dado”. (36-9, Mayo 17, 1938)

 

En cada acto hay un triple acto:

 

Después continuaba mis actos en la Divina Voluntad, y comprendía cómo cuando nos disponemos a hacer un acto, el Querer Divino antes que nosotros hagamos el acto pone su acto primero para dar la vida del acto en la criatura; y mi dulce Jesús ha agregado:

 

“Hija mía, en cada acto de criatura hay un triple acto::

 

1.- Primero forma el acto la fuerza creadora;

 

2.- la criatura sobre el acto de la fuerza creadora forma el acto de su amor obrante, que viene alimentado por la fuerza creadora, y según la intensidad del amor de la criatura, su prolijidad, el bien, el valor, que contiene su acto, así recibe más o menos alimento del acto de la fuerza creadora, porque no hay gusto y deleite para Dios, más bello y grato, que alimentar los actos de la criatura, y esto porque viendo de lo nuestro en el acto humano, nos sentimos dueños, reconocidos por ellos, nos los sentimos unidos, no los hijos lejanos sino cercanos, más bien ensimismados con Nosotros, que como tantos hijos nos hacen corona, que justamente quieren de lo nuestro, y Nosotros con todo amor, de buena gana damos nuestro alimento a los actos de ellos, mucho más que alimentados por Nosotros crecerán como nobles hijos dignos de su Padre Celestial.

 

3.- Ahora, al acto de la fuerza creadora y al acto del amor obrante de la criatura, sigue el acto del amor de cumplimiento; cada acto no se podría decir completo, ni dársele el justo valor, si faltara una coma, un punto, una pincelada cualquiera; un trabajo si no es completo no sólo no se puede dar el valor, sino que no se puede rescatar honor y gloria.  Entonces, después del amor obrante surge el amor de reconocimiento, de agradecimiento y de dar a Dios lo que es de Dios, la criatura ha recibido de Dios el acto primero de su obrar, lo ha seguido con su amor obrante, pero alimentada por Dios lo completa con un amor más grande, con dar a Dios lo que de Dios ha tenido principio.  Éste es el último punto y la más bella pincelada del acto de la criatura, al cual Dios mismo benignamente da su apreciación divina y se siente honrado y glorificado del pequeño don recibido.  Y en virtud de esto, da otras ocasiones de hacer otros actos a la criatura para tenerla siempre  junto y en continua correspondencia”. (29-8, Marzo 23, 1931)

 

 

 

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