Actos internos
Si la criatura debiera darnos únicamente lo que es
espiritual, poco podría darnos.
36-9
Mayo 17, 1938
El alma es la voz, el canto y las manos para tocar; el cuerpo
es el órgano. El Querer Divino quiere los más pequeños actos para hacer surgir
su Sol.
Siembra que hace el sol a la tierra, siembra que hace la
Santísima Voluntad. Esponsalicio que
Dios prepara con
sus verdades.
(1) Continuando mi vuelo en el Querer Divino, siento que me
inviste por dentro y por fuera, y quiere tomar su puesto real en mis más
pequeños actos, aun en los naturales, y tal vez sobre mis mismas naderías, y si
esto no hiciera, no puede decir que la plenitud de su Voluntad reina en la
criatura. Después, mi amado Jesús repitiendo su breve visita, todo bondad me ha
dicho:
(2) “Hija mía, todo salió de Nosotros y fue modelado por
nuestras manos creadoras, el alma y el cuerpo, por eso todo debe ser nuestro,
lo uno y lo otro; es más, hicimos del cuerpo un órgano, y cada acto que debía
hacer, hecho para cumplir la Divina Voluntad, debía formar una tecla, la cual
debía encerrar muchas notas y conciertos de música, distintos entre ellos, y el
alma debía ser la que con la unión del cuerpo debía formar la voz, el canto, y
tocando estas teclas debía formar las músicas más bellas. Ahora, un órgano sin quien lo toque parece un
cuerpo muerto, no divierte ni atrae a ninguno; y quien entiende de música, si
no tiene el instrumento para tocar, no puede ejercitar su arte de músico, así
que se necesita quien hable, quien se mueva, quien tenga vida para formar las
bellas músicas, pero se necesita también el instrumento que contiene las
teclas, las notas y todo lo demás; son necesarios el uno y el otro. Así es el alma y el cuerpo, hay tal armonía,
orden, unión entre ellos, que el uno no puede hacer nada sin el otro; por eso
estoy atento, te vigilo tus pasos, tus palabras, el mover de tus pupilas, tus más
pequeños actos, a fin de que mi Voluntad tenga su Vida, su puesto en ellos.
Nosotros no reparamos si el acto es natural o espiritual, si es grande o
pequeño, sino que estamos atentos para ver si todo es nuestro, si nuestro
Querer ha hecho surgir su sol de luz, de santidad, de belleza, de amor, y nos
servimos aun de los pequeños actos de esta criatura para formar nuestros
portentos más prodigiosos, los cuales forman las escenas más bellas para
tenernos divertidos. ¿No fue sobre la
nada que formamos las maravillas, el encanto de toda la Creación? Y en la creación del hombre, ¿no fue sobre la
nada que formamos tantas armonías, hasta nuestra misma imagen que nos
semeja? Hija mía, si la criatura debiera
darnos únicamente lo que es espiritual, poco podría darnos, en cambio, con
darnos aun sus pequeños actos naturales, puede darnos siempre, y estamos en
continuas relaciones, la unión entre ella y Nosotros no se rompe jamás. Mucho más, que las cosas pequeñas están
siempre entre las manos, al alcance de los pequeños y de los grandes, de los
ignorantes y de los sabios; el respirar, el moverse, el atenderse a sí mismo en
las cosas personales, es de todos y no cesan jamás, y si esto es hecho para
amarme, para formar la Vida de la Divina Voluntad en ellos, es nuestro triunfo,
nuestra victoria y la finalidad para la cual los hemos creado. Ve entonces cómo es fácil el vivir en nuestro
Querer, la criatura no debe hacer cosas nuevas, sino lo que hace, esto es,
desarrollar su vida como se la hemos dado en nuestra Voluntad”.
(3) Después de esto mi dulce Jesús continuó diciéndome:
(4) “Hija mía, así como el sol siembra cada día luz, calor,
dulzura, perfumes, colores, fecundidad, diversidad de gustos, y con esto
embellece toda la tierra, y sólo con tocar con su luz y calor fecunda las
plantas, madura y endulza los frutos, da la variedad de los colores y perfumes
a las flores, tanto que forma el dulce encanto a las generaciones humanas, así
quien vive en mi Voluntad, superando Ella en modo insuperable la siembra que
hace el sol, siembra sobre de quien vive en Ella, luz, amor, variedad de
bellezas, santidad, dando a cada una de estas semillas la fecundidad divina, y
¡oh! cómo es bello ver a esta criatura embellecida, fecundada por nuestra
siembra divina, cómo queda hermosa, tanto, de formar el encanto a nuestras
pupilas divinas. Ahora hija mía, así
como la tierra, las flores, las plantas, para recibir la siembra del sol deben
someterse a recibir el contacto de su luz y de su calor, de otra manera el sol
quedaría en lo alto sin poder hacer su siembra a la tierra, la cual quedaría
estéril, sin fecundidad y sin belleza, porque para dar y recibir un bien se
necesita la unión, el acuerdo de ambas partes, sin el cual el uno no puede dar
y el otro no puede recibir, así el alma, para recibir la siembra de mi Voluntad
debe vivir en Ella, debe estar siempre unida, con sumo acuerdo, debe dejarse
modelar para recibir de Ella la nueva Vida que quiere dar, de otra manera mi
Voluntad hace como el sol, no siembra y la criatura queda estéril, sin belleza,
bajo las tinieblas de su voluntad humana.
He aquí por qué quiero al alma viviendo en mi Querer, no sólo para
sembrar, sino para hacer que mi siembra no se pierda, haciéndome Yo mismo el
cultivador para poder producir las más variadas bellezas”.
(5) Después ha agregado con un amor más tierno:
(6) “Hija mía buena, mi amor siempre quiere vincularse más
con la criatura, y por cuantas más verdades manifiesta sobre mi Voluntad,
tantos más vínculos de unión pongo entre Dios y ella, y conforme manifiesta las
verdades, así prepara el esponsalicio entre Dios y el alma, y por cuanto más
manifiesta, con tanta más ostentación y suntuosidad será hecho el esponsal.
¿Quieres saber algo más? Mis verdades
servirán como dote para poderse unir con Dios, lo estas verdades harán conocer
quien es Aquél que se abaja, y que solamente es su amor lo que lo induce a
vincularse con atadura de esponsalicio con la criatura. Mis verdades tocan y retocan a la criatura,
la modelan, le forman la nueva vida, le restituyen y embellecen nuestra imagen
y semejanza como cuando fue creada por Nosotros, le imprimen su beso de unión
inseparable. Una verdad nuestra puede
formar un mar de prodigios y de creaciones divinas en quien tiene el bien de
escucharla, esta verdad puede cambiar un mundo entero de perverso, en bueno y
santo, porque es una Vida nuestra que viene expuesta para bien de todos, y un
nuevo sol que hacemos surgir en las inteligencias creadas, el cual por caminos
de luz y de calor se hará conocer para transformar en luz y calor a quien tiene
el bien de escucharla. Por eso, ocultar
una verdad que Nosotros con tanto amor hacemos salir fuera de nuestro seno
paterno es el más grande delito, y priva a las generaciones humanas del bien
más grande. Además de esto, quien vive
en nuestro Querer, esposándose con Nosotros, forma la fiesta a todos los
santos, todos toman parte en las nupcias divinas, y en virtud de esta criatura
tienen una fiesta toda propia en el Cielo y otra en la tierra. Cada acto que hace la criatura que vive en
nuestro Querer, es una fiesta y un banquete que ofrece a las regiones
celestiales, y los santos le corresponden con nuevos dones e imploran a Dios
que le manifieste otras verdades para ensanchar siempre más los confines de la
dote que Dios le ha dado”.
+ + +
30-26
Abril 13, 1932
La naturaleza humana que se hace dominar por la
DivinaVoluntad, es campo de su
acción, y tierra florida.
LaDivina Voluntad posee la inseparabilidad.
(1) Estoy siempre entre los brazos de la Divina Voluntad,
como una niña estrechada entre los brazos de la mamá, la cual me tiene tan
estrechada entre sus brazos de luz, que no me deja ver, sentir o tocar otra
cosa que la Divina Voluntad. Y yo
pensaba entre mí: “¡Oh! si yo estuviera
libre de la cárcel de mi cuerpo, mis vuelos serían más rápidos en el Fiat,
habría conocido más, de hecho sería un solo acto con Ella, pero mi naturaleza
me parece que me lleva a hacer interrupciones, como si me pusiera obstáculos y
me hiciera sentir fatiga para correr siempre en la Divina Voluntad”. Pero
mientras esto pensaba, mi divino Maestro Jesús, visitando mi pequeña alma me ha
dicho:
(2) “Hija bendita, tú debes saber que para quien vive en mi
Divina Voluntad, Ella tiene virtud de tener ordenada la naturaleza de la
criatura, y en vez de ser obstáculo, le es de ayuda para poder hacer más actos
de Voluntad Divina, más bien sirve como tierra a las flores, que se presta para
formar las bellas floraciones, las que casi la esconden y la cubren con la
variedad de sus bellezas, a las cuales el sol les comunica la variedad de los
más bellos colores y las va abrillantando con su luz. Si no fuera por la
tierra, a las flores les faltaría el lugar para formarse la vida para poder
nacer y hacer su bella aparición, y el sol no encontraría a quién comunicar el
desahogo de sus bellos colores y de sus puras dulzuras. Así es la naturaleza humana para el alma que
vive en mi Divina Voluntad, es como tierra fecunda y pura, que se presta para
dar el campo de acción y hacerla formar no solo las bellas floraciones, sino
para hacer aparecer tantos soles por cuantos actos va haciendo. Hija mía, es un encanto de belleza ver la
naturaleza humana que vive en mi Divina Voluntad, cubierta y escondida como
bajo de un prado florido, todo investido de luz fulgidísima, el alma por sí
sola no habría podido formar tantas variedades de belleza, mientras que unida
encuentra las pequeñas cruces, las necesidades de la vida, las variedades de
las circunstancias, ahora dolorosas, ahora alegres, que como semillas se sirve
de ellas para sembrarlas en la tierra de la naturaleza humana para formar su
campo florido. El alma no tiene tierra y
no podría producir ninguna floración; en cambio unida con el cuerpo, ¡oh!
cuántas más bellas cosas puede hacer, mucho más que esta naturaleza humana fue
formada por Mí, la plasmé parte por parte, dándole la más bella forma, puedo
decir que hice de artífice divino y puse en ella tal maestría, que ninguno otro
puede alcanzar. Así que la amé, veo todavía el toque de mis manos creadoras
impreso sobre la naturaleza humana, por eso también ella es mía, me pertenece. El todo está en el acuerdo completo: Naturaleza, alma, voluntad humana, y Divina;
cuando está esto, que la naturaleza se presta como tierra, la voluntad humana
está en acto de recibir la Vida de la Voluntad Divina en su actos, se hace
dominar en todo, no conoce otra cosa en todas sus cosas sino sólo mi Voluntad,
como vida, actora, portadora, conservadora de todo, ¡oh! entonces todo es
santo, todo es puro y bello, mi Fiat está sobre ella con su pincel de luz para
perfeccionarla, divinizarla, espiritualizarla. Por eso tu naturaleza no puede
ser obstáculo a los vuelos en mi Voluntad, más bien puede servirte de obstáculo
tu querer, al cual debes tener siempre en la mira para no darle vida, que de tu
tierra no hay que temer, aquella, si tiene recibe, y da lo que ha recibido, es
más, da de más y cambia las semillas en flores, en plantas, en frutos, y si no
tiene se está en su mudo silencio y queda como tierra estéril”.
(3) Después agradecía a Jesús por su bella lección y me
sentía contenta de que mi naturaleza humana no podía dañarme, más bien me podía
ayudar a hacer crecer la Vida de la Divina Voluntad en mi alma, y continuaba
mis giros y vuelos en sus actos, y mi dulce Jesús ha agregado:
(4) “Hija mía, mi Divina Voluntad posee la inseparabilidad de
todos sus actos y efectos, tanto si obra sola en Sí misma y fuera de Sí misma,
tanto si obra en la criatura o la criatura obra en Ella, o bien para llevar a
cabo lo que quiere mi Divina Voluntad. En este modo de obrar pone de lo suyo y
lo retiene como acto y propiedad suyos, inseparables de Ella. Ahora, si la criatura vive en mi Divina
Voluntad, estos actos se vuelven propiedad común de la una y de la otra; si
después se sale, pierde sus derechos, primero porque fueron hechos en nuestra
casa, y después la sustancia, la vida del acto, la santidad, la belleza, las
prerrogativas que se requieren para poder formar un acto nuestro, han sido
puestos por nuestro Querer Divino, la criatura no ha hecho otra cosa que
asistir y concurrir con su voluntad de obrar junto con la nuestra, pero de
sustancia nada ha puesto de lo suyo. Por eso si persiste en vivir en nuestro
Querer, señorea junto; si sale, con justicia nada le toca, pero si vuelve a
entrar adquiere de nuevo el derecho de señorear. Pero hay gran diferencia entre quien vive en
mi Divina Voluntad y obra junto, y entre quien no viviendo en Ella sigue y
cumple en las circunstancias lo que quiere mi Fiat, ésta toma en su acto mi
Voluntad limitada, y en cuanto termina el acto así queda, no sigue más
adelante, y si bien también estos actos son inseparables de Ella, pero se ve en
estos actos que no tienen el obrar continuo; limitada tomaron mi Divina
Voluntad, y limitada quedó; en cambio quien vive en Ella y obra, su acto
adquiere el acto incesante de obrar continuamente, éstos estarán siempre
obrantes en mi Fiat, no perderán jamás la actitud, cual es el obrar de mi
Querer, que no cesa jamás, así se hacen los actos de la criatura. Por eso
siempre en mi Fiat te quiero, si quieres tomarlo no limitado y como a gotas,
sino como mares, de manera de quedar tan llena, que no tocarás ni verás otra
cosa que mi Divina Voluntad”.
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Por cuanto somos hechura suya en la gracia como lo fuimos en
la naturaleza, creados en Jesucristo para obras buenas, preparadas por Dios
desde la eternidad para que nos ejercitemos en ellas y merezcamos la gloria.
Ef. 2:10
Palabras muy curiosas, pues nosotros entendemos que si las
obras son preparadas desde la eternidad, y son para ejercitarnos en ellas, por
lo tanto somos “predestinados”, ni más ni menos que por Dios mismo, y que
nuestra santidad no depende de nosotros, sino de lo que Dios pensó.
“…Tú debes saber que al crear el cielo, el sol, las
estrellas, etc., a todo le fijé sus límites, su lugar, su número, no pueden
crecer ni decrecer, todas las cosas las tengo como en un puño. Así al crear al
hombre, al mismo tiempo creé todas las inteligencias y cada uno de los
pensamientos, todas las palabras, las obras, los pasos y todo lo demás del
hombre, desde el primero hasta el último que deberá existir, y esto era
connatural en Mí, mucho más que Yo mismo debía ser actor y espectador hasta de
un pensamiento, y si el hombre no lo podía hacer sin Mí, ¿cómo no debía Yo
saberlo y conocer hasta el número? Así que en mi Voluntad nada todo el obrar de
las criaturas, como los peces nadan dentro de un vasto mar. Pero habiendo
creado al hombre no esclavo sino libre, porque no era decoroso para Mí, ni obra
digna salida de mis manos, si hiciera salir a este hombre atado, sin libertad,
ni podría decir hagámoslo a nuestra imagen y semejanza si no lo hacía libre,
quería dotarlo con la libertad. Yo era libre, libre también él, pues no hay
cosa que más torture a una persona que dar un amor forzado, y causa
desconfianza, sospechas, temores y casi asco en quien lo recibe. Ve dónde tiene
origen cada acto de criatura, aun un pensamiento: ‘en la santidad de mi
Voluntad’. Con esta diferencia, que si el hombre quiere, ese pensamiento,
palabra, etc., puede hacerlo bien o mal, santo o perverso.
Ahora, mi Voluntad tuvo un dolor al ver en tantos cambiados
sus actos, de los cuales era actora, en actos mortales para Mí y para ellos, por
eso quise que mi Voluntad haciéndose doblemente actora de cada acto, extendiera
sobre todos otro acto divino, que debía corresponderme según la santidad de mi
Voluntad con otros tantos actos divinos, pero se necesitaba alguien para hacer
esto, y he aquí a mi Humanidad santa, libre también Ella, que no queriendo otra
vida que la sola Voluntad Divina, nadando en este mar inmenso iba duplicando
cada pensamiento, palabra y obra de criatura, y extendía sobre todo un acto de
Voluntad Divina, y esto daba satisfacción y glorificaba al Padre Divino, de
modo que Él pudo mirar al hombre y abrirle las puertas del Cielo, y Yo anudaba
con más fuerza a la voluntad humana, dejándola siempre libre de no separarse de
la Voluntad de su Creador, causa por la que se había precipitado en tantas
desgracias.
No estuve contento sólo con esto, sino que quise que mi Mamá,
también santa, me siguiera en el mar inmenso del Querer Supremo y junto Conmigo
duplicara todos los actos humanos, poniendo en ellos el doble sello, después
del mío, de los actos hechos en mi Voluntad sobre todos los actos de las
criaturas. Cómo me era dulce la compañía de mi inseparable Mamá en mi Voluntad;
la compañía en el obrar hace surgir la felicidad, la complacencia, el amor de
ternura, la competencia, el acuerdo, el heroísmo; en cambio el aislamiento
produce lo contrario. Entonces, conforme obraba junto con mi amada Mamá, así
surgían mares de felicidad, de complacencia de ambas partes, mares de amor que
haciendo competencia, uno se arrojaba en el otro, y producían gran heroísmo. Y
no para Nosotros solos surgían estos mares, sino también para quien nos habría
hecho compañía en nuestra Voluntad; es más, podría decir que estos mares se
convertían en tantas voces que llamaban al hombre a vivir en nuestro Querer,
para restituirle la felicidad, su naturaleza primera, y todos los bienes que
había perdido con sustraerse de nuestra Voluntad. (14-73 Noviembre 11, 1922)
+ + +
Ahora, tú debes saber que cuando sacamos la Creación de
dentro del seno de nuestra Divinidad, porque ‘ab eterno’ estaba dentro de
Nosotros, al sacarla fuera nuestro Fiat, dentro de un mar de amor poníamos
fuera todo lo que la criatura debía hacer, así que todo salió de Nosotros, nos
hacíamos proveedores de todo lo que ella debía hacer, por eso toda la Creación
está llena de todas las obras que se deben hacer, hasta el último de los
hombres, y si bien invisibles a los ojos humanos, pero visibles y palpitantes
para Nosotros en nuestra Voluntad, lo que forma una creación más bella que la
misma Creación, por lo cual es tanto nuestro amor, que mientras ocupa toda la
atmósfera, al mismo tiempo la llevamos en nuestro seno divino, y conforme
sacamos a la luz del día a las criaturas, así comenzamos a proveerlas con
nuestras manos creadoras de las obras que deben hacer; al principio de cada
acto que la criatura debe hacer ponemos como fundamento la Vida de nuestro
Fiat, y por alimento del acto nuestro amor, porque Nosotros no hacemos nada, ni
damos nada, si no tiene por principio nuestro Querer y por alimento y ajuar a
nuestro amor; no serían obras dignas de nuestra Majestad Suprema el proveer
obras que no den Vida nuestra y que no posean nuestro alimento, cual es el
amor.
Toda la Creación era un parto, con todos los actos que debían
hacer las generaciones humanas, que ‘ab eterno’ teníamos en nuestro Seno
Divino, y que no pudiendo contenerlo más, porque nuestro amor sentía la
necesidad de ponerlo fuera pues quería desahogarse, y como cuando hacemos un
acto hacemos un acto completo, por eso poniendo fuera a la Creación sacábamos
junto todo lo que debía hacer la criatura.
Nuestro Fiat Divino encerrando todo en Sí mismo, Creación y
actos humanos, se ponía a la expectativa de sacar a la criatura a la luz del
día para suministrarle los actos que a ella le pertenecían. ¿No es esto un amor exuberante que solamente
un Dios podía tener: Ordenar, formar los
actos y después sacar a la luz a aquélla a la que debían servir estos actos
como formación de santidad, de amor, de gloria, para sí y de Aquél que la había
creado? Pero esto no es todo, nuestro
amor no se detiene jamás, conforme sacó este parto nuestro, poníamos fuera de
Nosotros una dosis de nuestra potencia para sostener a la criatura y a sus
actos, armándola y cortejándola de potencia divina, así que tiene nuestra
potencia que la sostiene; poníamos fuera también una dosis de nuestra
sabiduría, con la cual debía estar animada su inteligencia y todos sus actos,
por eso si en la criatura se ven nuevas ciencias, nuevos inventos,
descubrimientos que llegan a lo increíble, es por nuestra sabiduría que la
inviste; también poníamos fuera una dosis de amor, de santidad, de bondad y de
todos nuestros atributos para suministrarle el amor, la santidad, la bondad y
así de todo lo demás. La criatura no
existía aún, y Nosotros ya estábamos ocupados en ella; mirábamos con
complacencia en ella nuestra potencia, sabiduría, amor, santidad y bondad, nos
poníamos a su disposición para hacerla lo más bella que podíamos, y poder
decirle: ‘Nos semejas en todo, más bella
no te podíamos hacer’. Este poner fuera
nuestras cualidades divinas y todos sus actos que debía hacer, antes de que el
hombre viniese a la luz del tiempo, fue para Nosotros un amor tan intenso que
llega a lo increíble, e íbamos diciendo en nuestro delirio de amor: ‘¡Oh hombre, cuánto te amo! Te amo en mi potencia, te amo en mi
sabiduría, en mi amor, en mi santidad, te amo en mi bondad, en los mismos actos
que harás, te amo tanto que los pongo todos en espera de ti; mi Querer Divino al
cual todo confiamos, nuestras dotes divinas y tus mismos actos que serán ya
tuyos, está en acto de darlos como desahogo de su amor por ti’.
(3)Ahora, tú debes saber que nuestro Ser Supremo posee como
en naturaleza suya un acto siempre nuevo, por lo cual estos actos establecidos
para cada una de las criaturas serán nuevos y distintos uno del otro, distintos
en la santidad, siempre nuevos en la belleza, uno más bello que el otro, nuevos
en el amor, en la potencia, nuevos en la bondad, son actos formados y
alimentados por Nosotros, por lo que poseen todas nuestras características,
todos bellos, variados en la santidad, en el amor, en la belleza, pero el uno
no es como el otro, serán ellos nuestro orden, el tipo de las variadas bellezas
nuestras, la fecundidad de nuestro amor, la armonía de nuestra sabiduría, como
se ve en la Creación, en que todas nuestras obras, todas, son bellas, pero el
cielo no es sol, el viento no es mar, las flores no son frutos, pero por cuan
distintas sean entre ellas, todas son bellas, es más, forman la armonía de las
variadas bellezas, verdadera imagen de los actos y de las mismas
criaturas. Tú debes saber que estos
actos en mi Voluntad Divina forman un ejército de nuevas bellezas, de nuevo
amor y santidad, que Nosotros sólo con mirarlos nos sentimos raptados, y
esperamos con ansia que vengan las criaturas que poseyendo nuestro Querer serán
proveídas con ellas, y las poseerán. Ve
entonces cómo es cierto que debe venir su reino a la tierra, pues ya están los
actos, y entonces saldrán de su prisión de dentro de mi Querer como noble
ejército que se harán poseer por las criaturas.
Hija mía, de dentro de mi Fiat salió la Creación, y todos y
todo en mi Querer me debe regresar como obra digna de nuestra potencia,
entonces quedaremos plenamente glorificados cuando nos reconozcamos a Nosotros
mismos en la criatura y en sus actos.
Todo podemos dar y ella todo puede recibir, siempre y cuando reine
nuestro Querer Divino en ella, en cambio si Él no reina se forma un abismo de
distancia entre ella y Nosotros, y nada podemos darle. Pero no es todo aun hija mía, pues como es
decisión firme el dar el reino de nuestro Querer a las criaturas, queremos que
conozca los bienes que hay en Él, y hasta dónde pueden llegar sus actos hechos
en nuestro Querer Divino, porque si no conocen sus bienes tendremos hijos
ciegos, sordos, mudos, que no saben hablar de su Creador, y no conociéndolos,
ni siquiera amarán y apreciarán los mismos bienes que poseen; en nuestro Querer
todos tienen vista clara, oído fino y palabra animada por la fuerza creadora, por
lo tanto tendrán un hablar que tendrá siempre qué decir, y todos quedarán
estupefactos, y los mismos Cielos, complacidos, se abajarán a escucharlos. Los
hijos de mi Voluntad serán la alegría de todos y los verdaderos narradores de
su Creador, sólo entonces encontraremos quién sepa hablar de Nosotros, porque
no hablarán ellos, sino nuestra misma Voluntad será la que hablará en ellos, la
cual es la única que puede y sabe hablar de nuestro Ente Supremo, por eso
continúa escuchándome. Cuando la criatura posea nuestro Querer, todos sus
actos, pequeños y grandes, humanos y espirituales, serán animados por mi
Voluntad, y así, animados por Ella se elevarán entre el Cielo y la tierra,
investirán y entrelazarán juntos el cielo, el sol, las estrellas, la Creación
toda; se elevarán más arriba e investirán todos los actos de la Reina del
Cielo, fundiéndose con ellos, tendrán la potencia de investir los actos de
nuestra Divinidad, nuestras alegrías y bienaventuranzas, las de todos los
santos; y cuando todo hayan encerrado en sus actos, sin que nada quede fuera de
ellos, victoriosos se presentarán ante nuestra Majestad Divina y nos los
ofrecerán como actos completos a los que nada falta, y ¡oh, cuál será nuestra
alegría, nuestra gloria, al encontrar en estos actos al cielo, al sol, todos
los actos de la Reina del Cielo, el amor con el cual Ella nos amó, a todos
nuestros actos, nuestras alegrías, nuestro amor que jamás cesa! Estos actos hechos en nuestro Querer Divino
nos duplican la gloria de la Creación; duplican la gloria, el amor que nos dio
la Soberana Reina; duplican nuestra gloria y la de todos los santos; basta
decir que ha entrado nuestra Voluntad de por medio para decir todo y que
encierra todo. Ella, donde entra sabe
hacer furor de amor, de gloria y de concentración de todo, porque todo es suyo,
y por eso tiene derecho sobre todo.
Ahora, las maravillas que forman en el alma estos actos hechos en
nuestro Querer, son indecibles, nuestro Fiat Divino se sirve de ellos para
formar por su medio mares de amor, pero no mares que murmuran, sino mares que
hablan, y hablan con tal elocuencia de nuestro amor, que nos agrada tanto que
queremos estar siempre escuchándolos, sus voces son heridas que nos manda, sus
palabras son dardos, tienen qué decir sobre la historia de nuestro amor, y como
nos agrada tanto estamos siempre atentos para escucharla, porque nada queremos
perdernos de lo que concierne a nuestro amor.
Cómo es bello oír que la criatura tiene nuestro mar de amor hablante,
que habla siempre de nuestro amor. Así
que mi Voluntad siendo poseedora de quien vive en Ella, en ella hace de todas
las formas, forma las obras que hablan de nuestras obras, los pasos que hablan
de nuestros caminos, en suma, como nuestra Voluntad es palabra, donde Ella
reina da la palabra a todo lo que hace la criatura y forma de esos actos un
prodigio divino. Por eso no hay cosa más
grande, más santa, más bella y que más nos glorifica, que el vivir en nuestra
Voluntad, ni hay bien mayor que podamos dar a las criaturas que éste. Por eso sé atenta y sígueme si no quieres
detener mi hablar”. (35-10 Octubre 3, 1937)
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Así es mi costumbre en todas mis obras, las hago una vez para
dar vida a todas las demás veces que se repetirán, uniéndolas al primer acto
como si fuera un acto solo,
“Hija mía, si tú supieras con cuánto amor fue formada la
creación del hombre. Al sólo recordarlo nuestro amor se inflama y forma nuevas
inundaciones, y mientras se pone en actitud de fiesta al recordar nuestra obra,
bella, perfecta, y donde se puso tal maestría de arte que ningún otro puede
formar una similar, era tan bella que llegó a suscitar en nuestro amor el celo
de que toda fuera para Nosotros. Además, el hombre había sido hecho por
Nosotros, era nuestro, entonces el ser celoso era un derecho de nuestro amor; tan
es verdad que nuestro amor llegó a tanto, que todos los primeros actos hechos
en Adán fueron hechos por su Creador; así que el primer acto de amor fue creado
y hecho por Nosotros en Adán, el primer latido, el primer pensamiento, la
primera palabra, en suma, en todo lo que él pudo hacer después, estaban
nuestros actos primeros hechos en él, y sobre nuestros primeros actos seguían
los actos de Adán. Por eso, si amaba, surgía su amor de dentro de nuestro
primer acto de amor; si pensaba, su pensamiento surgía de dentro de nuestro
pensamiento; y así de todo lo demás. Si Nosotros no hubiésemos hecho los
primeros actos en él, no habría podido ni hacer nada, ni saber hacer nada; en
cambio, con el hacer el Ente Supremo los primeros actos, poníamos en Adán
tantas fuentecitas por cuantos actos primeros hicimos en él, de modo que cada
vez que quisiera repetir nuestros primeros actos, tuviese a su disposición
estas fuentecitas, como tantas fuentes de amor, de pensamientos, de palabras,
de obras y de pasos. Así que todo era nuestro, dentro y fuera del hombre, por
eso nuestro celo no sólo era un derecho, sino también justicia que todo debía
ser para Nosotros y todo nuestro. Mucho más que le dábamos nuestro Querer
Divino a fin de que nos lo conservase bello, fresco y nos lo hiciera crecer con
una belleza divina. Nuestro amor no estaba contento ni satisfecho con tanto que
le había dado, quería continuar dando siempre, no quería decir basta, quería
continuar su obra de amor, y para tenerlo Consigo, para tener qué hacer con el hombre,
le daba nuestro mismo Querer, a fin de que lo volviese capaz de poder recibir
siempre y de tenerlo siempre con Nosotros con una sola Voluntad, con Ella todo
estaba garantizado y al seguro para él y para Nosotros. Así que debía ser
nuestro entretenimiento, nuestra alegría y felicidad, objeto de nuestra
conversación. Por eso al recuerdo de la creación del hombre, nuestro amor se
pone en actitud de fiesta, pero al verlo sin el depósito de garantía de nuestro
Fiat, sin seguridad y por lo tanto vacilante, desfigurado y como lejano de
Nosotros, se pone en actitud de tristeza y siente todo el peso de nuestro amor
infinito como encerrado en Sí mismo, porque no puede darse a él, pues no lo
encuentra en nuestra Divina Voluntad. Pero esto no es todo, no fue sólo en Adán
donde tanto se vertió nuestro amor, sino llegó a hacer todos los primeros actos
de los cuales debían tener vida todos los actos humanos, cada criatura que
debía venir a la luz del día estuvo presente en aquel acto de la creación del
hombre, y nuestro Fiat unido a nuestro amor corría, corría, y abrazando a todos
y amando con un solo amor a todos, ponía el primado de nuestros actos en cada
una de las criaturas que habrían venido a la existencia, porque para Nosotros
no hay pasado ni futuro, sino todo es presente y en acto, si esto no fuese,
nuestro Fiat se encontraría restringido y obstaculizado, no podría engrandecer
tanto sus llamas para encerrar a todos en su luz, de modo de hacer en todos lo
que hace en una sola criatura. Por eso no fue sólo Adán el afortunado de la
Creación, sino todas las otras criaturas venían enriquecidas de todos los
bienes, y en él, poseedoras de sus mismos bienes. Mucho más que todo lo que
Dios hace en una sola criatura, todas las otras criaturas adquieren el derecho
de nuestros actos, a menos quien no quiera servirse de ellos. ¿No sucedió esto
en la misma Redención? Como la Soberana del cielo tuvo el bien de concebirme y
de darme a la luz, todas las otras criaturas adquirieron el derecho de los
bienes de la Redención, y no sólo esto, sino de poderme recibir cada una en sus
corazones, y sólo quien ingrata no me quiere, permanece privada de Mí. Ahora
hija mía, Adán con desobedecer a nuestros quereres perdió nuestro reino, y
todos los bienes de nuestro Fiat permanecieron para él sin la Vida alimentadora
y vivificadora de nuestra Divina Voluntad. Se puede decir que fue como el
destructor de los bienes del reino de mi Divina Voluntad en su alma, porque a
todos los bienes, si les falta la virtud vivificadora y el alimento continuo,
poco a poco pierden la vida.”. (28-9, Abril 18, 1930)
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Estoy entre los brazos del Fiat Divino, que me circunda con
su luz y llama sobre mi pobre existencia su acto continuo de su Voluntad, pero
un acto que me da vida, que me ama, sin el cual no podría vivir, ni encontrar
quién verdaderamente me ame, por eso me quiere toda atenta a recibir este acto
de vida de su Voluntad, a fin de que no la exponga a no cumplir sobre mí lo que
quiere hacer, ni le impida su amor, porque Voluntad de Dios y amor hacen competencia,
una no puede estar sin el otro. Ahora, mientras me encontraba bajo este acto
del Fiat, mi amado Jesús con una bondad que no sé decir, todo ternura me ha
estrechado a su corazón divino y me ha dicho:
“Hija mía bendita, mi Voluntad es todo para las criaturas,
sin Ella no podrían tener ni siquiera la vida. Tú debes saber que cada criatura
tiene, desde el principio de su existencia, un acto querido y decidido de mi
Voluntad, el cual lleva consigo un acto intenso de amor hacia aquél o aquélla
que comienza la vida. Mira entonces cómo comienza la creación de la criatura
bajo el imperio de un acto de amor y de Voluntad Divina querido con toda la
plenitud del conocimiento, tanto, que estos dos actos, amor y Voluntad mía,
están dotados de todas las gracias, de potencia, sabiduría, santidad y belleza,
de los que vivirá y cumplirá su vida la criatura. Ahora, como ha formado su
primer acto querido, no se aparta más de ella, la crea, la forma, la crece,
desarrolla su acto obrante para reafirmarla en su acto querido, así que mi
Voluntad, mi amor, corren en cada acto humano, se hacen vida, sostén, defensa,
refugio, y circundándola con su potencia alimentan esta vida, mi amor la abraza
y la tiene estrechada a su seno, mi Voluntad la circunda por todos lados, más que
habitación, para tener al seguro su acto querido que mi Fiat pronunció para
llamarla a la existencia.
Ahora, este acto querido por nuestro Fiat es el acto más
grande, más potente y que más glorifica a nuestro Ser Divino, que ni siquiera
los Cielos pueden contener y comprender; te parece poco que nuestra Voluntad
corra en cada acto de criatura, y le diga no con palabras, sino con hechos:
‘Soy tuya, estoy a tu disposición, ¡ah! reconóceme, soy vida tuya, acto tuyo,
si me reconoces me darás tu pequeña correspondencia de amor, y aunque sea
pequeño, lo quiero, lo reclamo para tranquilizarme de mi trabajo continuo y de
la vida que pongo por ti’. Y mi amor para no quedarse atrás de mi Fiat, siente
la irresistible necesidad de correr a amar cada acto de criatura, que le dice
en cada acto suyo, te amo y ámame.
Además de esto, el todo está en si es reconocido este acto
querido de mi Fiat, entonces hace prodigios inauditos de santidad y de belleza,
que formarán los más bellos adornos de la patria celestial y las vidas más
brillantes que se asemejan a su Creador, porque nuestra Voluntad no sabe hacer
seres que no nos semejen, la primera cosa que pone es nuestra semejanza, porque
quiere encontrarse a Sí misma en el acto obrante que desarrolla en la criatura,
de otra manera diría: ‘No me asemeja, por lo tanto no me pertenece’. Si además
no es reconocida y no amada, entonces forma el dolor de mi Querer, si bien
corre en cada acto de criatura, si no corriera debería quitarle la vida, por
eso en su dolor siente rechazar su Vida Divina, estorbada la santidad que
quiere desarrollar, encerrados en su acto querido los mares de gracias que
deberían inundarla, la belleza que debería cubrirla. Por eso mi Voluntad puede
decir: ‘No hay dolor similar a mi dolor’. Mucho más que no había bien que no
quisiera darle, no hay acto suyo en que no haya puesto del mío. Por eso hija
mía sé atenta, piensa que cada acto tuyo pende de una Voluntad Divina que lo
envuelve, lo forma y le da la vida, y porque te ama quiere que conozcas la vida
que te da, y esto como confirmación de sus actos en ti, por eso conténtate con
morir antes que impedir este acto querido de mi Voluntad desde el principio de
tu existencia. Cómo es bello poder decir: ‘Soy Voluntad de Dios, porque Ella ha
hecho todo en mí, me ha creado, me ha formado y me llevará en sus brazos de luz
a las celestiales regiones como victoria y triunfo del Fiat Omnipotente y de su
amor”.
Después de esto mi mente continuaba nadando en el mar del
Fiat, y ¡oh! cómo era bello verlo que estaba muy atento, que en cuanto yo
respiraba, latía, amaba, investía mi respiro para formar su respiro divino, el
latido divino, y sobre mi pequeño amor formaba su mar de amor y se complacía
tanto, que con ansia esperaba mis pequeños actos humanos para formar su trabajo
divino, y mi amado Jesús festejaba el triunfo, el trabajo del Fiat en mi
pequeña alma, y todo bondad me ha dicho:
“Hija de mi Querer, cómo gozo al ver que mi Divina Voluntad
pone de lo suyo en el acto de la criatura, y como el acto de ella es pequeño,
se deleita de perderlo en su acto grande, que no tiene confines, y como
triunfante dice: ‘He vencido, la victoria es mía’, y Yo en cada acto de mi
Voluntad en ella hago mi fiesta. Ahora, tú debes saber que es tanta la
complacencia de nuestro Ser Supremo al ver perdido el pequeño acto humano,
perdido, fundido, como si hubiera perdido la vida para dar vida a la nuestra,
que elevamos este acto, que llamamos acto nuestro, en la altura de nuestro acto
eterno. Toda la eternidad se pone en torno y circunda este acto y todo lo que
ha sido hecho y se hará en el giro de Ella, se funden con este acto, de modo
que toda la eternidad pertenece a este acto, este acto queda en el seno del
Eterno y forma una fiesta de más a nuestro Ser Supremo, por tanto una fiesta de
más a todo el Cielo, y una ayuda, fuerza y defensa a toda la tierra. El hacer
la criatura nuestra Voluntad, hacerla vivir en ella, es la única satisfacción
que tenemos, es la verdadera correspondencia que recibimos por haber creado la
Creación, es la competencia de amor entre el Creador y la criatura, es el
movernos para dar nuevas sorpresas de gracias, y ella a recibirlas. Por eso si
la criatura corre en nuestro Fiat para darle libre campo de acción, en nuestro
énfasis de amor decimos: ‘La criatura nos paga por todo lo que hemos hecho, del
resto ¿no hicimos todas las cosas y a la misma criatura para que hiciera en todo
nuestro Querer? Esto lo hace, y esto nos basta, aunque no hiciera nada más. Si
esto nos basta a Nosotros, mucho más debería bastar a ellas el hacer, el vivir
siempre en nuestra Voluntad, con esto ella es nuestra y Nosotros somos todo
suyo, y te parece poco poder decir: ‘Dios es mío, todo es mío, no me puede
escapar porque su Fiat Omnipotente lo tiene atado en mí”. (34-20, Enero 4,
1937)
+ + +
«Si la criatura debiera darnos únicamente lo que es
espiritual, poco podría darnos»
Casi siempre cando pensamos en hacer algo por o para Dios,
nos asalta la idea de acciones externas, y pensamos que entre más grandes sean
éstas, más gloria y alabanza recibirá de nosotros.
Si esto fuera así, la mayor parte de la familia humana no
podría darle nada a nuestro Dios, pues obras grandes no dependen nada más de la
voluntad de la criatura, sino de factores externos que no están al alcance de
todos, por lo que son obras, como dice Jesús, circunstanciales, a tiempo y
espacio (lugar). Jesús nos dice que la santidad en su Voluntad es lo que más lo
satisface, entonces veamos que nos propone hacer:
“Hija mía, todo salió de Nosotros y fue modelado por nuestras
manos creadoras, el alma y el cuerpo, por eso todo debe ser nuestro, lo uno y
lo otro; es más, hicimos del cuerpo un órgano, y cada acto que debía hacer,
hecho para cumplir la Divina Voluntad, debía formar una tecla, la cual debía
encerrar muchas notas y conciertos de música, distintos entre ellos, y el alma
debía ser la que con la unión del cuerpo debía formar la voz, el canto, y
tocando estas teclas debía formar las músicas más bellas.
Ahora, un órgano sin quien lo toque parece un cuerpo muerto,
no divierte ni atrae a ninguno; y quien entiende de música, si no tiene el
instrumento para tocar, no puede ejercitar su arte de músico, así que se
necesita quien hable, quien se mueva, quien tenga vida para formar las bellas
músicas, pero se necesita también el instrumento que contiene las teclas, las
notas y todo lo demás; son necesarios el uno y el otro. Así es el alma y el cuerpo, hay tal armonía,
orden, unión entre ellos, que el uno no puede hacer nada sin el otro; por eso
estoy atento, te vigilo tus pasos, tus palabras, el mover de tus pupilas, tus
más pequeños actos, a fin de que mi Voluntad tenga su Vida, su puesto en ellos.
(36-9, Mayo 17, 1938)
EXPLICACIÓN:
“Hija mía, cuando el alma vive en mi Divina Voluntad, deja
sus despojos, se vacía de todo, de modo que queda la pura nada, y mi Querer la
inviste, la llena del Todo, la domina y forma en ella los prodigios de
santidad, de gracia, de belleza, dignos de su potencia creadora. Pero lo que es
más, en este vacío de la nada genera su amor, y ahí forma su Vida Divina, y se
vuelve dominadora de la nada y de su misma Vida Divina formada en ella, y ¡oh!
su amor por esta nada llega a tanto, que la vuelve al mismo tiempo dominadora
junto con el Fiat Supremo, y como su dominio le viene del Todo que posee,
siente su misma virtud dominadora, y domina a la misma Divina Voluntad, así que
ambas son dominantes, pero con sumo acuerdo, poseyendo un solo amor y una sola
Voluntad. El querer humano siente su vida en la mía, y no hace nada si no
siente mi acto obrante que quiere obrar, para hacerlo junto, y la mía siente mi
Vida en la suya, y con su dominio se impone sobre la nada para hacerla obrar en
el Todo. Así que en cuanto la criatura se decide con una firme voluntad a vivir
en la mía, mi Querer da principio a formar su Vida en ella, no hay voluntad que
no posea su vida, por medio de la cual desarrolla su bondad, su potencia, su
santidad, la plenitud de su amor; la vida es la manifestación de la voluntad
que posee, es el vestido que la cubre, es el sonido de su voz, es la narradora
de sus maravillas, de su infinitud, de su potencia, por eso mi Divina Voluntad
no se contenta con hacer vivir a la criatura en Ella, la nada en el Todo, no,
no, sólo se contenta cuando encierra el Todo en el nada y ahí forma su Vida
obrante y dominadora, y hace de la nada lo que quiere. He aquí el por qué
cuando te hablo de mi Voluntad, es tu Jesús que te habla, porque Yo soy su
Vida, su voz, su representante, el narrador de mi Fiat que esconde en Mí. Por
esto el prodigio más grande es formar mi Vida Divina en la nada de la criatura,
y que sólo mi Querer tiene esta virtud, porque poseyendo la fuerza creadora, se
puede crear a Sí misma, su Vida en quien la quiere recibir. Ahora, poseyendo mi
Vida, el alma toma parte en mi santidad, en mi amor, y ¡oh! cómo es bello oír
que la nada dice junto con el Todo, amor, gloria y con la fuerza dominadora que
siente, se difunde en los actos divinos y domina junto con mi Voluntad. Para
Nosotros no hay contento mayor que sentir la nada obrante y dominante en
nuestro Ser Divino, por eso sé atenta de vivir siempre en mi Voluntad”. (33-36,
Abril 12, 1935)
+ + +
Nosotros no reparamos si el acto es natural o espiritual, si
es grande o pequeño, sino que estamos atentos para ver si todo es nuestro, si
nuestro Querer ha hecho surgir su sol de luz, de santidad, de belleza, de amor,
y nos servimos aun de los pequeños actos de esta criatura para formar nuestros
portentos más prodigiosos, los cuales forman las escenas más bellas para
tenernos divertidos. ¿No fue sobre la
nada que formamos las maravillas, el encanto de toda la Creación? Y en la creación del hombre, ¿no fue sobre la
nada que formamos tantas armonías, hasta nuestra misma imagen que nos
semeja? Hija mía, si la criatura debiera
darnos únicamente lo que es espiritual, poco podría darnos, en cambio, con
darnos aun sus pequeños actos naturales, puede darnos siempre, y estamos en
continuas relaciones, la unión entre ella y Nosotros no se rompe jamás. Mucho más, que las cosas pequeñas están
siempre entre las manos, al alcance de los pequeños y de los grandes, de los
ignorantes y de los sabios; el respirar, el moverse, el atenderse a sí mismo en
las cosas personales, es de todos y no cesan jamás, y si esto es hecho para
amarme, para formar la Vida de la Divina Voluntad en ellos, es nuestro triunfo,
nuestra victoria y la finalidad para la cual los hemos creado. Ve entonces cómo es fácil el vivir en nuestro
Querer, la criatura no debe hacer cosas nuevas, sino lo que hace, esto es,
desarrollar su vida como se la hemos dado en nuestra Voluntad”.
(3) Después de esto mi dulce Jesús continuó diciéndome:
(4) “Hija mía, así como el sol siembra cada día luz, calor,
dulzura, perfumes, colores, fecundidad, diversidad de gustos, y con esto
embellece toda la tierra, y sólo con tocar con su luz y calor fecunda las
plantas, madura y endulza los frutos, da la variedad de los colores y perfumes
a las flores, tanto que forma el dulce encanto a las generaciones humanas, así
quien vive en mi Voluntad, superando Ella en modo insuperable la siembra que
hace el sol, siembra sobre de quien vive en Ella, luz, amor, variedad de
bellezas, santidad, dando a cada una de estas semillas la fecundidad divina, y
¡oh! cómo es bello ver a esta criatura embellecida, fecundada por nuestra
siembra divina, cómo queda hermosa, tanto, de formar el encanto a nuestras
pupilas divinas. Ahora hija mía, así
como la tierra, las flores, las plantas, para recibir la siembra del sol deben
someterse a recibir el contacto de su luz y de su calor, de otra manera el sol
quedaría en lo alto sin poder hacer su siembra a la tierra, la cual quedaría
estéril, sin fecundidad y sin belleza, porque para dar y recibir un bien se
necesita la unión, el acuerdo de ambas partes, sin el cual el uno no puede dar
y el otro no puede recibir, así el alma, para recibir la siembra de mi Voluntad
debe vivir en Ella, debe estar siempre unida, con sumo acuerdo, debe dejarse
modelar para recibir de Ella la nueva Vida que quiere dar, de otra manera mi
Voluntad hace como el sol, no siembra y la criatura queda estéril, sin belleza,
bajo las tinieblas de su voluntad humana.
Una verdad nuestra puede formar un mar de prodigios y de
creaciones divinas en quien tiene el bien de escucharla, esta verdad puede
cambiar un mundo entero de perverso, en bueno y santo, porque es una Vida nuestra
que viene expuesta para bien de todos, y un nuevo sol que hacemos surgir en las
inteligencias creadas, el cual por caminos de luz y de calor se hará conocer
para transformar en luz y calor a quien tiene el bien de escucharla
“…Después de esto seguía en mi interior a la Santísima y
adorable Voluntad Divina y mi dulce Jesús ha agregado:
“Hija mía, los actos internos de un alma que hace la Voluntad
de Dios están exentos de cualquier mal y sombra de defecto. Sólo Dios es
testigo de un acto interno y mientras ninguno lo señala, ninguno lo mira,
ninguno habla de él, Dios, como testigo del obrar de la criatura, donde a
ninguno le es dado penetrar, en el interior de la criatura lo señala, lo mira,
y de él le habla a todo el Cielo y muchas veces también a la tierra de los
grandes portentos del obrar interno de esta criatura. Ser señalado, observado y hacer hablar a Dios
de una criatura, es el acto, el honor más grande que ella puede recibir y no
puede ser excluido de las obras grandes que Dios cumplirá por medio de
ella. Los actos internos son heridas,
dardos, flechas al seno divino, son mensajeros celestiales que salen de la
criatura y vuelan a su Creador y llevan la marca de la gloria, del amor y de
agradar sólo a Aquél que la ha creado. En efecto, ¿quién ve, quién escucha,
quién aprecia todo lo que haces en tu interior?
Ninguno, sólo Yo soy testigo, los escucho y los aprecio. He aquí por qué en nuestras obras más grandes
escogemos almas que aparentemente nada tienen de grande y de maravilloso, almas
internas que no están corrompidas ni con miras humanas, ni de rumores,
estrépitos, ni gloria ni estima propia que llevan las obras externas. De hecho, en la Redención escogimos una
Virgen simple, sin esplendores externos, pero tenía su interior hablante, que
tanto supo decir a solas a su Creador que lo venció y obtuvo la Redención. Ahora, así hemos hecho para el reino del Fiat
Divino, hemos escogido otra alma toda interna, que tanto dirá, que rogará a
Dios para que conceda el reino deseado.
Los actos externos aunque buenos y santos no pueden agradarme como los
actos internos, porque los externos están casi siempre impregnados del aire de
la propia gloria, de la estima humana y a veces de crítica, y un pobre corazón
siente en sí los efectos del elogio, o bien de la crítica después que ha hecho
sacrificios, y lo humano sale en campo e inviste con su aire tenebroso sus
actos, y por eso no llegan puros como deberían ser. En cambio un acto interno no es ni criticado,
ni alabado y lo humano no tiene donde entrar, el alma misma no sintiéndose
observada por ninguno, le parece que no hace nada grande y por eso sus actos
están impregnados todos de aire celestial.
Por eso sé atenta y haz que tu interior gire siempre en mi
Voluntad”. (22-14, Julio 30,1927)
+ + +
“Hija mía, todo salió de Nosotros y fue modelado por nuestras
manos creadoras, el alma y el cuerpo, por eso todo debe ser nuestro, lo uno y
lo otro; es más, hicimos del cuerpo un órgano, y cada acto que debía hacer,
hecho para cumplir la Divina Voluntad, debía formar una tecla, la cual debía
encerrar muchas notas y conciertos de música, distintos entre ellos, y el alma
debía ser la que con la unión del cuerpo debía formar la voz, el canto, y
tocando estas teclas debía formar las músicas más bellas. Ahora, un órgano sin quien lo toque parece un
cuerpo muerto, …
Nota.. Al igual que toda voluntad requiere de una vida
(cuerpo) para desarrollar sus acciones, todo cuerpo requiere de una voluntad
que lo mueva.
…no divierte ni atrae a ninguno; y quien entiende de música,
si no tiene el instrumento para tocar, no puede ejercitar su arte de músico,
así que se necesita quien hable, quien se mueva, quien tenga vida para formar
las bellas músicas, pero se necesita también el instrumento que contiene las
teclas, las notas y todo lo demás; son necesarios el uno y el otro. Así es el alma y el cuerpo, hay tal armonía,
orden, unión entre ellos, que el uno no puede hacer nada sin el otro; por eso
estoy atento, te vigilo tus pasos, tus palabras, el mover de tus pupilas, tus
más pequeños actos, a fin de que mi Voluntad tenga su Vida, su puesto en ellos.
Nosotros no reparamos si el acto es natural o espiritual, si es grande o
pequeño, sino que estamos atentos para ver si todo es nuestro, si nuestro
Querer ha hecho surgir su sol de luz, de santidad, de belleza, de amor, y nos
servimos aun de los pequeños actos de esta criatura para formar nuestros
portentos más prodigiosos, los cuales forman las escenas más bellas para tenernos
divertidos. ¿No fue sobre la nada que
formamos las maravillas, el encanto de toda la Creación? Y en la creación del hombre, ¿no fue sobre la
nada que formamos tantas armonías, hasta nuestra misma imagen que nos
semeja? Hija mía, si la criatura debiera
darnos únicamente lo que es espiritual, poco podría darnos, en cambio, con
darnos aun sus pequeños actos naturales, puede darnos siempre, y estamos en
continuas relaciones, la unión entre ella y Nosotros no se rompe jamás. Mucho más, que las cosas pequeñas están
siempre entre las manos, al alcance de los pequeños y de los grandes, de los
ignorantes y de los sabios; el respirar, el moverse, el atenderse a sí mismo en
las cosas personales, es de todos y no cesan jamás, y si esto es hecho para
amarme, para formar la Vida de la Divina Voluntad en ellos, es nuestro triunfo,
nuestra victoria y la finalidad para la cual los hemos creado. Ve entonces cómo es fácil el vivir en nuestro
Querer, la criatura no debe hacer cosas nuevas, sino lo que hace, esto es, desarrollar
su vida como se la hemos dado en nuestra Voluntad”.
(3) Después de esto mi dulce Jesús continuó diciéndome:
(4) “Hija mía, así como el sol siembra cada día luz, calor,
dulzura, perfumes, colores, fecundidad, diversidad de gustos, y con esto embellece
toda la tierra, y sólo con tocar con su luz y calor fecunda las plantas, madura
y endulza los frutos, da la variedad de los colores y perfumes a las flores,
tanto que forma el dulce encanto a las generaciones humanas, así quien vive en
mi Voluntad, superando Ella en modo insuperable la siembra que hace el sol,
siembra sobre de quien vive en Ella, luz, amor, variedad de bellezas, santidad,
dando a cada una de estas semillas la fecundidad divina, y ¡oh! cómo es bello
ver a esta criatura embellecida, fecundada por nuestra siembra divina, cómo
queda hermosa, tanto, de formar el encanto a nuestras pupilas divinas. Ahora hija mía, así como la tierra, las
flores, las plantas, para recibir la siembra del sol deben someterse a recibir
el contacto de su luz y de su calor, de otra manera el sol quedaría en lo alto
sin poder hacer su siembra a la tierra, la cual quedaría estéril, sin
fecundidad y sin belleza, porque para dar y recibir un bien se necesita la
unión, el acuerdo de ambas partes, sin el cual el uno no puede dar y el otro no
puede recibir, así el alma, para recibir la siembra de mi Voluntad debe vivir
en Ella, debe estar siempre unida, con sumo acuerdo, debe dejarse modelar para
recibir de Ella la nueva Vida que quiere dar, de otra manera mi Voluntad hace
como el sol, no siembra y la criatura queda estéril, sin belleza, bajo las
tinieblas de su voluntad humana. He aquí
por qué quiero al alma viviendo en mi Querer, no sólo para sembrar, sino para
hacer que mi siembra no se pierda, haciéndome Yo mismo el cultivador para poder
producir las más variadas bellezas”.
(5) Después ha agregado con un amor más tierno:
(6) “Hija mía buena, mi amor siempre quiere vincularse más
con la criatura, y por cuantas más verdades manifiesta sobre mi Voluntad,
tantos más vínculos de unión pongo entre Dios y ella, y conforme manifiesta las
verdades, así prepara el esponsalicio entre Dios y el alma, y por cuanto más
manifiesta, con tanta más ostentación y suntuosidad será hecho el esponsal.
¿Quieres saber algo más? Mis verdades servirán
como dote para poderse unir con Dios, lo estas verdades harán conocer quien es
Aquél que se abaja, y que solamente es su amor lo que lo induce a vincularse
con atadura de esponsalicio con la criatura.
Mis verdades tocan y retocan a la criatura, la modelan, le forman la
nueva vida, le restituyen y embellecen nuestra imagen y semejanza como cuando
fue creada por Nosotros, le imprimen su beso de unión inseparable. Una verdad nuestra puede formar un mar de
prodigios y de creaciones divinas en quien tiene el bien de escucharla, esta
verdad puede cambiar un mundo entero de perverso, en bueno y santo, porque es
una Vida nuestra que viene expuesta para bien de todos, y un nuevo sol que
hacemos surgir en las inteligencias creadas, el cual por caminos de luz y de
calor se hará conocer para transformar en luz y calor a quien tiene el bien de
escucharla. Por eso, ocultar una verdad
que Nosotros con tanto amor hacemos salir fuera de nuestro seno paterno es el
más grande delito, y priva a las generaciones humanas del bien más grande. Además de esto, quien vive en nuestro Querer,
esposándose con Nosotros, forma la fiesta a todos los santos, todos toman parte
en las nupcias divinas, y en virtud de esta criatura tienen una fiesta toda
propia en el Cielo y otra en la tierra.
Cada acto que hace la criatura que vive en nuestro Querer, es una fiesta
y un banquete que ofrece a las regiones celestiales, y los santos le
corresponden con nuevos dones e imploran a Dios que le manifieste otras
verdades para ensanchar siempre más los confines de la dote que Dios le ha
dado”. (36-9, Mayo 17, 1938)
En cada acto hay un triple acto:
Después continuaba mis actos en la Divina Voluntad, y
comprendía cómo cuando nos disponemos a hacer un acto, el Querer Divino antes
que nosotros hagamos el acto pone su acto primero para dar la vida del acto en
la criatura; y mi dulce Jesús ha agregado:
“Hija mía, en cada acto de criatura hay un triple acto::
1.- Primero forma el acto la fuerza creadora;
2.- la criatura sobre el acto de la fuerza creadora forma el
acto de su amor obrante, que viene alimentado por la fuerza creadora, y según
la intensidad del amor de la criatura, su prolijidad, el bien, el valor, que
contiene su acto, así recibe más o menos alimento del acto de la fuerza
creadora, porque no hay gusto y deleite para Dios, más bello y grato, que
alimentar los actos de la criatura, y esto porque viendo de lo nuestro en el
acto humano, nos sentimos dueños, reconocidos por ellos, nos los sentimos
unidos, no los hijos lejanos sino cercanos, más bien ensimismados con Nosotros,
que como tantos hijos nos hacen corona, que justamente quieren de lo nuestro, y
Nosotros con todo amor, de buena gana damos nuestro alimento a los actos de
ellos, mucho más que alimentados por Nosotros crecerán como nobles hijos dignos
de su Padre Celestial.
3.- Ahora, al acto de la fuerza creadora y al acto del amor
obrante de la criatura, sigue el acto del amor de cumplimiento; cada acto no se
podría decir completo, ni dársele el justo valor, si faltara una coma, un
punto, una pincelada cualquiera; un trabajo si no es completo no sólo no se
puede dar el valor, sino que no se puede rescatar honor y gloria. Entonces, después del amor obrante surge el
amor de reconocimiento, de agradecimiento y de dar a Dios lo que es de Dios, la
criatura ha recibido de Dios el acto primero de su obrar, lo ha seguido con su
amor obrante, pero alimentada por Dios lo completa con un amor más grande, con
dar a Dios lo que de Dios ha tenido principio.
Éste es el último punto y la más bella pincelada del acto de la
criatura, al cual Dios mismo benignamente da su apreciación divina y se siente
honrado y glorificado del pequeño don recibido.
Y en virtud de esto, da otras ocasiones de hacer otros actos a la
criatura para tenerla siempre junto y en
continua correspondencia”. (29-8, Marzo 23, 1931)
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